Me da pena compartir una historia que, aunque comprensiva, también es algo extraña. La verdad no quería sacarla a la luz, pero esta se hizo temblorosos deseos, tantos que mis silencios no pudieron sostenerlos mas, por eso leen esto.
Lo del airoso saludo es del dominio natural, es decir, humano, y lo encontré de improvisto, o a la vista, al estár sentado al frente a frente de una bella dama en un bullicioso aeropuerto, del cual, por eso de no perjudicar la reputación del lugar no lo voy a mencionar.
Me pasa que nunca había escuchado un pedo femenino en público, no, no es que nunca haya oído tales suspiros del sexo opuesto antes, en si, han sido muchos, pero siempre de aires matrimoniales o súper conocidos.
La culpable de tan airosa alegría era una chica hermosa, una de esas ricuras que al decirle hola a uno le dan insomnios y deseos de ser roquero o rico, o como yo, natural y fresco, alegre, medio guapo y con una mirada que levanta no sé qué de ideas en el sentir femenino y, por esto, le doy gracias a Dios sea mi amigo, sino….ay guey.!
Yo le hecho la culpa del pedo al largo tiempo que pasamos en las alturas y luego lo prolongado que nos mantuvieron sentados, esperando por el siguiente vuelo. Al menos, la espera la aprovechamos para intercambiar miradas y agradables sonrisas, sencillos y universales chequeos.
Entiendo que lo que menos se quiere es que el jilguero cante sin nuestro permiso, pero la forma en que ella estaba sentada; de pies sobre la silla, cara entre rodillas, perdida en un pensar y mirándome, como si tratando de encontrar con su mirar azul algo en el café mio, era algo bello, inolvidable, pero desafortunadamente, no bien resumía en aclarar algo de mi cuando del sin control salio el airoso saludo. El asunto es que tal posición como en la que ella estaba amplifica más el sonido, y por consecuencia, las pupilas por las penas de tan inesperada sorpresa y el martirio de aun seguir volando juntos.
Yo creo, mas bien, no creo sea pecado que un pedo haya inspirado este relato, en si, me parece normal y nada místico echarse uno de vez en cuando, en público. Por largo un tiempo pensé si escribía o no sobre de esto, o si lo dejaba morir, así como el pedo con el viento. Pero lo de la chica fue un apenado momento, semi-tristes sonrisas y disculpas.
Total, de tan bella mujer ni de su pedo he podido olvidarme. Así que al fin llegamos al mismo estado y distintas cuidades, ella salio del avión, aun con su penosa experiencia y para mi un sueño cumplido. Ya sé que las mujeres bellas tambien se echan tremendos pedos.
ah, ah!!
Fidel Guerra.
United States,
marzo, 2017.
Lo del airoso saludo es del dominio natural, es decir, humano, y lo encontré de improvisto, o a la vista, al estár sentado al frente a frente de una bella dama en un bullicioso aeropuerto, del cual, por eso de no perjudicar la reputación del lugar no lo voy a mencionar.
Me pasa que nunca había escuchado un pedo femenino en público, no, no es que nunca haya oído tales suspiros del sexo opuesto antes, en si, han sido muchos, pero siempre de aires matrimoniales o súper conocidos.
La culpable de tan airosa alegría era una chica hermosa, una de esas ricuras que al decirle hola a uno le dan insomnios y deseos de ser roquero o rico, o como yo, natural y fresco, alegre, medio guapo y con una mirada que levanta no sé qué de ideas en el sentir femenino y, por esto, le doy gracias a Dios sea mi amigo, sino….ay guey.!
Yo le hecho la culpa del pedo al largo tiempo que pasamos en las alturas y luego lo prolongado que nos mantuvieron sentados, esperando por el siguiente vuelo. Al menos, la espera la aprovechamos para intercambiar miradas y agradables sonrisas, sencillos y universales chequeos.
Entiendo que lo que menos se quiere es que el jilguero cante sin nuestro permiso, pero la forma en que ella estaba sentada; de pies sobre la silla, cara entre rodillas, perdida en un pensar y mirándome, como si tratando de encontrar con su mirar azul algo en el café mio, era algo bello, inolvidable, pero desafortunadamente, no bien resumía en aclarar algo de mi cuando del sin control salio el airoso saludo. El asunto es que tal posición como en la que ella estaba amplifica más el sonido, y por consecuencia, las pupilas por las penas de tan inesperada sorpresa y el martirio de aun seguir volando juntos.
Yo creo, mas bien, no creo sea pecado que un pedo haya inspirado este relato, en si, me parece normal y nada místico echarse uno de vez en cuando, en público. Por largo un tiempo pensé si escribía o no sobre de esto, o si lo dejaba morir, así como el pedo con el viento. Pero lo de la chica fue un apenado momento, semi-tristes sonrisas y disculpas.
Total, de tan bella mujer ni de su pedo he podido olvidarme. Así que al fin llegamos al mismo estado y distintas cuidades, ella salio del avión, aun con su penosa experiencia y para mi un sueño cumplido. Ya sé que las mujeres bellas tambien se echan tremendos pedos.
ah, ah!!
Fidel Guerra.
United States,
marzo, 2017.