silveriddragon
Poeta adicto al portal
I
Ha pasado un mes desde su partida.
Aún me culpo por no estar ahí.
Quisiera verla tan solo una vez más. No logro aceptar su partida.
¿Qué hacer? Mis superiores me han obligado a tomar terapia con... con... esa ....doctora.
¡No la soporto!, en verdad. Sus aires de mujer elegante a la que no se le debe romper una uña. Me hacen sentir como un chiquillo castigado.
Ni hablar. Hoy me toca ir a terapia.
De mala gana me levanto a desayunar mientras pongo algo de música clásica de fondo. Una pieza ejecutada por el último prodigio al piano.
No me sabe a nada la comida, es como si masticara cartón. La sensación es desagradable. Me fuerzo a terminar el plato de cereal y fruta.
Veo la hora en mi reloj. Voy a tiempo. Lavo los trastes con parsimonia. Luego termino de arreglarme.
Jamás he sido de los que se visten a la moda o muy formal. Otra razón por la que ver a la doctora me fastidia.
Salgo de la casa de mis padres con mucha pereza. Mi madre se ha levantado. Me pide que me ponga una chamarra antes de salir.
Por Dios. Es pleno verano.
Tomo el auto y lo enciendo. Estos autos estándar me gustan. Puedo sentir el motor como vibra y los cambios en la máquina son una bendición.
Me han prohibido tomar computadoras y escuchar noticias hasta que la doctora me dé el alta. Así que único placer para mi es conducir. Aunque... a veces me dan ataques de pánico cuando recuerdo lo que le pasó a Alma.
Me comienzan a sudar las manos, se me ponen frías. La última vez me temblaron y sentí hormigueos. Trato de ocultar esto a mis superiores para que no me quiten el carro.
II
Llego a mi cita con tiempo de anticipación. Entro a la cafetería de la Torre Médica adornada con dibujos de infantes. Me pregunto si hay algún evento festejando a los niños.
No pido nada. Solo me siento a mirar el televisor ahí instalado. Un programa de chismes está relatando la vida de una actriz de Hollywood. Una tal Angelina... algo...
Nunca me han gustado esos chismes. Sin embargo trato de distraerme.
Llegada la hora tomo el elevador. Ahí vamos tres enfermeras, un doctor y un tipo en silla de ruedas.
Una de las enfermeras me mira de reojo. Puedo sentir su mirada.
No es que me moleste. A veces me halaga. Pero últimamente me fastidia. Como casi todo lo que percibo.
La volteo a ver. Sus ojos azules me miran como haciéndose una pregunta.
Le sonrío. Ella me corresponde la sonrisa y se lleva la mano izquierda a la boca mordiéndose un dedo nerviosa.
De pronto siento como un hormigueo me recorre el pecho hasta el cuello y sube hasta mi cabeza. Eso me genera un gesto de dolor. Es la primera vez que me pasa.
La enfermera se acerca y me pregunta si estoy bien. Como si fuera parte del papel que representa me agarra el brazo.
Le digo que si... Que sentí algo como un hormigueo muy raro, pero iba a consulta. Que no se preocupara.
Todos, excepto yo por supuesto, se bajan en un piso donde se escucha mucho ruido. Al parecer es donde se toman las placas y radiografías.
Sigo subiendo por el elevador.
Al llegar al piso del consultorio me quedo un momento dentro del elevador.
Estoy dudando si ir o no a la terapia.
Cuando ocurre nuevamente. El hormigueo se dispara cuando muevo el cuello ampliamente hacia adelante. Me apresuro a ver a la recepcionista.
- ¡Buenos Días Señorita! Tengo cita con la doctora Gallo. ¿ella se encuentra?
- ¡Buenos días jovencito! - me barre con la mirada, aunque ya estoy acostumbrado - ella lo va a recibir en breve.
Me siento en un sofá de piel que cubre toda una pared. En la televisión de la recepción está pasando un documental sobre los canales de Venecia. Los festivales y el teatro de la Fenicce. Un lugar bastante ostentoso por lo que puedo ver, Casi no me he dado tiempo para vacaciones desde que salí de la academia de policía.
La recepcionista me dice que pase.
Veo a la doctora Gallo como siempre, maquillada en exceso para mi gusto. También trae algo como una blusa azul aqua debajo de la blusa. Es imposible no darme cuenta.
¿porqué una terapeuta usa bata? ¿por si tiene que abrirle el corazón a su paciente para arreglarlo? Esa imagen me hace reír internamente.
- Buenos días Alessandro. ¿Cómo estás?
- Como se puede estar doctora. ....Después de lo que pasó.
- ¿Has pensado en lo que platicamos en la última sesión? - sus ojos me siguen como si estuviera estudiando a un espécimen disecado.
- Si.. ....Doctora me acaba de pasar algo. Sentí un hormigueo mientras subía por el elevador. Me inicia en el pecho y sube por el cuello de un costado hasta la parte derecha de la cabeza.
Ella se levanta y me pide que me abra la camisa. Mi musculatura no parece impresionarla. Me revisa con un poco de atención pero sin perder esa mirada lejana. ¿Está revisando acaso a una rana que va a disecar?
A estas alturas otras mujeres ya me estarían pidiendo mi teléfono o me preguntarían si estoy libre el viernes. La doctora debe ser muy profesional. O es una santurrona.
Regresa a su escritorio y me dice:
- No hay nada extraño ni disfuncional. Estás somatizando tu dolor Alessandro. Cálmate o te puede dar una crisis de pánico. ¿Qué hacías cuando te pasó?
- Una enfermera me estaba coqueteando.
La doctora da un suspiro y toma su libreta.
- Es normal...
- ¿Qué es normal? ¿Que me coqueteen o que me de un hormigueo muy fuerte? - digo en voz alta con sarcasmo. Quería jugar con ella y hacerla sonrojar.
- Te pasó eso porque tu ... mente... recordó a Alma. La estabas traicionando.
Otra vez su juego mental. Me suelta cosas así y me hace enojar.
- Por Dios doctora. ¿Podríamos dejar de mencionarla?
- Solo te hacia una observación Alessandro, cálmate.. - nuevamente suspira y anota algo en su libreta.
- Bien .. bien... vamos a empezar. .... ¿Crees en Dios Alessandro?
- Por supuesto.... - digo en un tono como si fuera obvio
- Y digamos... Dios... ¿es alguien bueno para ti?
- Claro... es bueno y justo - agrego haciendo un gesto con las manos como remarcando
- ¿Dios es justo y puede eliminar el mal de este mundo si lo quisiera?
- Dios es Dios.. Puede hacer lo que sea cuando sea.
La doctora pestañea con rapidez como si le molestara algo. La estoy exasperando. Eso me gusta.
- Entonces piensas en Dios como un ser que todo lo puede, es justo y bueno.
- Así es. - trato de calmarme, el hormigueo comienza a presentarse.
- ¿puede Dios castigar a los malos antes de que cometan actos despreciables Alessandro?
Esa pregunta me toma por sorpresa. Nunca, jamás me la había hecho. Estoy confundido. No sé que responder. Siento el hormigueo subir por el cuello.
- Dios hace milagros. Si eres bueno y obediente puede ocurrir un milagro. Si eres malo te castigará. Si no es aquí, será en la otra vida.
La doctora está mirándome atentamente se toma el cabello para llevárselo a un lado. Luego de un rato siento como el hormigueo se detiene. Estoy mejor y respiro con normalidad.
- Alessandro. ¿Dios puede castigarlos antes de que cometan un acto despreciable?
III
Mi cabeza da vueltas. Estoy en el suelo.
No puedo creerlo, me he desmayado. La doctora me está hablando mientras me da a oler algo muy fuerte.
- Despierta, ¿Alessandro?... vamos.. eso es... ya ... estás abriendo los ojos..
Algo me pasa mientras estoy abriendo los ojos lentamente. La doctora está en el suelo junto conmigo. Su cabello rojizo cae cerca de mi rostro. Sus ojos fríos se notan preocupados. Puedo oler su perfume. Huele a madera.... ¿qué me pasa? es como si mis sentidos se hubieran magnificado.
Ella sonríe finalmente. Me ayuda a levantarme.
- No estás listo para recibir terapia Alessandro. Aún tienes muchas reminiscencias de... el shock nervioso que sufriste. - Suspira por tercera vez. -- Te voy a dar algo para que te calmes. Lo vas a tomar antes de dormir.
Mi cabeza ... se está aclarando. Algo siento diferente. No sé lo que es. Me siento como en otro planeta. Como si no estuviera aquí.
- Toma... esto es para ti... Mejor vamos a platicar acerca de cosas sueltas... ¿te parece?
- Si... lo prefiero. - mis palabras salen muy lentas... hay algo.. algo,... siento en el pecho pero no es el hormigueo.
- ¿te gustan los videojuegos?
Al escuchar la palabra videojuegos algo pasa en mi cabeza nuevamente... Como si se encendiera una luz. Y sin querer se me sale una palabra que no recuerdo de donde la escuché..
- Dot
- ¿qué..? ¿qué dijiste Alessandro?
- Dot... Dot.... Dot... - no puedo parar de repetirlo una y otra vez. Me están saliendo las lágrimas sin control
- Dot... Dot.... Dot..... no puedo recordarlo....
- ¿Quién es Dot ... Alessandro? - la doctora me ve con preocupación. Me estoy cubriendo la cara por vergüenza. Que me vea llorar una mujer. Alguien que debería estarme pidiendo el teléfono en este momento. Mi dignidad está por los suelos.
- No puedo recordarlo. Solo me llegó de repente el nombre cuando mencionó "videojuegos".
La doctora se toca el cabello nuevamente. Se quita la bata y la pasa por detrás de la silla para acomodarla. En ese momento puedo percibir nuevamente su perfume. ¿Qué es ese olor...? Algo me está jalando de nuevo a la realidad..... Me recompongo.
- Debe pensar que soy un debilucho. Un sentimentaloide. Nunca me había pasado esto doctora.
- Estamos en el consultorio Alessandro. Aquí no se juzga a nadie.
- ¿por eso es tan comprensiva conmigo aunque sea un patán doctora ? - esa pregunta también se me sale sin planearlo. Algo... algo,, me está cambiando.
- ¿te preocupa lo que la gente piensa de ti Alessandro?
- Últimamente me da igual. pueden hacer o decir lo que quieran pero... no lo entiendo. a veces me sorprendo llorando ... o como hace un momento.. suelto palabras que no comprendo..
- O que no recuerdas Alessandro. ¿ya recordaste tú último caso? Antes de que regresaras a Italia.
- No... cada vez que pienso en ello solo recuerdo a unos agentes de México. Nada más.
- El shock es profundo Alessandro. Vamos a dejar la sesión hasta aquí. - ella se acerca y me toma del brazo - ¿Sientes el hormigueo?
- No... para nada. - al tocarme el brazo siento algo muy fuerte,,,, es el mismo hormigueo pero con más intensidad. La mueca de dolor que hago hace saltar a la doctora hacia atrás.
Después me vuelvo a desmayar.
Ha pasado un mes desde su partida.
Aún me culpo por no estar ahí.
Quisiera verla tan solo una vez más. No logro aceptar su partida.
¿Qué hacer? Mis superiores me han obligado a tomar terapia con... con... esa ....doctora.
¡No la soporto!, en verdad. Sus aires de mujer elegante a la que no se le debe romper una uña. Me hacen sentir como un chiquillo castigado.
Ni hablar. Hoy me toca ir a terapia.
De mala gana me levanto a desayunar mientras pongo algo de música clásica de fondo. Una pieza ejecutada por el último prodigio al piano.
No me sabe a nada la comida, es como si masticara cartón. La sensación es desagradable. Me fuerzo a terminar el plato de cereal y fruta.
Veo la hora en mi reloj. Voy a tiempo. Lavo los trastes con parsimonia. Luego termino de arreglarme.
Jamás he sido de los que se visten a la moda o muy formal. Otra razón por la que ver a la doctora me fastidia.
Salgo de la casa de mis padres con mucha pereza. Mi madre se ha levantado. Me pide que me ponga una chamarra antes de salir.
Por Dios. Es pleno verano.
Tomo el auto y lo enciendo. Estos autos estándar me gustan. Puedo sentir el motor como vibra y los cambios en la máquina son una bendición.
Me han prohibido tomar computadoras y escuchar noticias hasta que la doctora me dé el alta. Así que único placer para mi es conducir. Aunque... a veces me dan ataques de pánico cuando recuerdo lo que le pasó a Alma.
Me comienzan a sudar las manos, se me ponen frías. La última vez me temblaron y sentí hormigueos. Trato de ocultar esto a mis superiores para que no me quiten el carro.
II
Llego a mi cita con tiempo de anticipación. Entro a la cafetería de la Torre Médica adornada con dibujos de infantes. Me pregunto si hay algún evento festejando a los niños.
No pido nada. Solo me siento a mirar el televisor ahí instalado. Un programa de chismes está relatando la vida de una actriz de Hollywood. Una tal Angelina... algo...
Nunca me han gustado esos chismes. Sin embargo trato de distraerme.
Llegada la hora tomo el elevador. Ahí vamos tres enfermeras, un doctor y un tipo en silla de ruedas.
Una de las enfermeras me mira de reojo. Puedo sentir su mirada.
No es que me moleste. A veces me halaga. Pero últimamente me fastidia. Como casi todo lo que percibo.
La volteo a ver. Sus ojos azules me miran como haciéndose una pregunta.
Le sonrío. Ella me corresponde la sonrisa y se lleva la mano izquierda a la boca mordiéndose un dedo nerviosa.
De pronto siento como un hormigueo me recorre el pecho hasta el cuello y sube hasta mi cabeza. Eso me genera un gesto de dolor. Es la primera vez que me pasa.
La enfermera se acerca y me pregunta si estoy bien. Como si fuera parte del papel que representa me agarra el brazo.
Le digo que si... Que sentí algo como un hormigueo muy raro, pero iba a consulta. Que no se preocupara.
Todos, excepto yo por supuesto, se bajan en un piso donde se escucha mucho ruido. Al parecer es donde se toman las placas y radiografías.
Sigo subiendo por el elevador.
Al llegar al piso del consultorio me quedo un momento dentro del elevador.
Estoy dudando si ir o no a la terapia.
Cuando ocurre nuevamente. El hormigueo se dispara cuando muevo el cuello ampliamente hacia adelante. Me apresuro a ver a la recepcionista.
- ¡Buenos Días Señorita! Tengo cita con la doctora Gallo. ¿ella se encuentra?
- ¡Buenos días jovencito! - me barre con la mirada, aunque ya estoy acostumbrado - ella lo va a recibir en breve.
Me siento en un sofá de piel que cubre toda una pared. En la televisión de la recepción está pasando un documental sobre los canales de Venecia. Los festivales y el teatro de la Fenicce. Un lugar bastante ostentoso por lo que puedo ver, Casi no me he dado tiempo para vacaciones desde que salí de la academia de policía.
La recepcionista me dice que pase.
Veo a la doctora Gallo como siempre, maquillada en exceso para mi gusto. También trae algo como una blusa azul aqua debajo de la blusa. Es imposible no darme cuenta.
¿porqué una terapeuta usa bata? ¿por si tiene que abrirle el corazón a su paciente para arreglarlo? Esa imagen me hace reír internamente.
- Buenos días Alessandro. ¿Cómo estás?
- Como se puede estar doctora. ....Después de lo que pasó.
- ¿Has pensado en lo que platicamos en la última sesión? - sus ojos me siguen como si estuviera estudiando a un espécimen disecado.
- Si.. ....Doctora me acaba de pasar algo. Sentí un hormigueo mientras subía por el elevador. Me inicia en el pecho y sube por el cuello de un costado hasta la parte derecha de la cabeza.
Ella se levanta y me pide que me abra la camisa. Mi musculatura no parece impresionarla. Me revisa con un poco de atención pero sin perder esa mirada lejana. ¿Está revisando acaso a una rana que va a disecar?
A estas alturas otras mujeres ya me estarían pidiendo mi teléfono o me preguntarían si estoy libre el viernes. La doctora debe ser muy profesional. O es una santurrona.
Regresa a su escritorio y me dice:
- No hay nada extraño ni disfuncional. Estás somatizando tu dolor Alessandro. Cálmate o te puede dar una crisis de pánico. ¿Qué hacías cuando te pasó?
- Una enfermera me estaba coqueteando.
La doctora da un suspiro y toma su libreta.
- Es normal...
- ¿Qué es normal? ¿Que me coqueteen o que me de un hormigueo muy fuerte? - digo en voz alta con sarcasmo. Quería jugar con ella y hacerla sonrojar.
- Te pasó eso porque tu ... mente... recordó a Alma. La estabas traicionando.
Otra vez su juego mental. Me suelta cosas así y me hace enojar.
- Por Dios doctora. ¿Podríamos dejar de mencionarla?
- Solo te hacia una observación Alessandro, cálmate.. - nuevamente suspira y anota algo en su libreta.
- Bien .. bien... vamos a empezar. .... ¿Crees en Dios Alessandro?
- Por supuesto.... - digo en un tono como si fuera obvio
- Y digamos... Dios... ¿es alguien bueno para ti?
- Claro... es bueno y justo - agrego haciendo un gesto con las manos como remarcando
- ¿Dios es justo y puede eliminar el mal de este mundo si lo quisiera?
- Dios es Dios.. Puede hacer lo que sea cuando sea.
La doctora pestañea con rapidez como si le molestara algo. La estoy exasperando. Eso me gusta.
- Entonces piensas en Dios como un ser que todo lo puede, es justo y bueno.
- Así es. - trato de calmarme, el hormigueo comienza a presentarse.
- ¿puede Dios castigar a los malos antes de que cometan actos despreciables Alessandro?
Esa pregunta me toma por sorpresa. Nunca, jamás me la había hecho. Estoy confundido. No sé que responder. Siento el hormigueo subir por el cuello.
- Dios hace milagros. Si eres bueno y obediente puede ocurrir un milagro. Si eres malo te castigará. Si no es aquí, será en la otra vida.
La doctora está mirándome atentamente se toma el cabello para llevárselo a un lado. Luego de un rato siento como el hormigueo se detiene. Estoy mejor y respiro con normalidad.
- Alessandro. ¿Dios puede castigarlos antes de que cometan un acto despreciable?
III
Mi cabeza da vueltas. Estoy en el suelo.
No puedo creerlo, me he desmayado. La doctora me está hablando mientras me da a oler algo muy fuerte.
- Despierta, ¿Alessandro?... vamos.. eso es... ya ... estás abriendo los ojos..
Algo me pasa mientras estoy abriendo los ojos lentamente. La doctora está en el suelo junto conmigo. Su cabello rojizo cae cerca de mi rostro. Sus ojos fríos se notan preocupados. Puedo oler su perfume. Huele a madera.... ¿qué me pasa? es como si mis sentidos se hubieran magnificado.
Ella sonríe finalmente. Me ayuda a levantarme.
- No estás listo para recibir terapia Alessandro. Aún tienes muchas reminiscencias de... el shock nervioso que sufriste. - Suspira por tercera vez. -- Te voy a dar algo para que te calmes. Lo vas a tomar antes de dormir.
Mi cabeza ... se está aclarando. Algo siento diferente. No sé lo que es. Me siento como en otro planeta. Como si no estuviera aquí.
- Toma... esto es para ti... Mejor vamos a platicar acerca de cosas sueltas... ¿te parece?
- Si... lo prefiero. - mis palabras salen muy lentas... hay algo.. algo,... siento en el pecho pero no es el hormigueo.
- ¿te gustan los videojuegos?
Al escuchar la palabra videojuegos algo pasa en mi cabeza nuevamente... Como si se encendiera una luz. Y sin querer se me sale una palabra que no recuerdo de donde la escuché..
- Dot
- ¿qué..? ¿qué dijiste Alessandro?
- Dot... Dot.... Dot... - no puedo parar de repetirlo una y otra vez. Me están saliendo las lágrimas sin control
- Dot... Dot.... Dot..... no puedo recordarlo....
- ¿Quién es Dot ... Alessandro? - la doctora me ve con preocupación. Me estoy cubriendo la cara por vergüenza. Que me vea llorar una mujer. Alguien que debería estarme pidiendo el teléfono en este momento. Mi dignidad está por los suelos.
- No puedo recordarlo. Solo me llegó de repente el nombre cuando mencionó "videojuegos".
La doctora se toca el cabello nuevamente. Se quita la bata y la pasa por detrás de la silla para acomodarla. En ese momento puedo percibir nuevamente su perfume. ¿Qué es ese olor...? Algo me está jalando de nuevo a la realidad..... Me recompongo.
- Debe pensar que soy un debilucho. Un sentimentaloide. Nunca me había pasado esto doctora.
- Estamos en el consultorio Alessandro. Aquí no se juzga a nadie.
- ¿por eso es tan comprensiva conmigo aunque sea un patán doctora ? - esa pregunta también se me sale sin planearlo. Algo... algo,, me está cambiando.
- ¿te preocupa lo que la gente piensa de ti Alessandro?
- Últimamente me da igual. pueden hacer o decir lo que quieran pero... no lo entiendo. a veces me sorprendo llorando ... o como hace un momento.. suelto palabras que no comprendo..
- O que no recuerdas Alessandro. ¿ya recordaste tú último caso? Antes de que regresaras a Italia.
- No... cada vez que pienso en ello solo recuerdo a unos agentes de México. Nada más.
- El shock es profundo Alessandro. Vamos a dejar la sesión hasta aquí. - ella se acerca y me toma del brazo - ¿Sientes el hormigueo?
- No... para nada. - al tocarme el brazo siento algo muy fuerte,,,, es el mismo hormigueo pero con más intensidad. La mueca de dolor que hago hace saltar a la doctora hacia atrás.
Después me vuelvo a desmayar.
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