Javier Palanca
Poeta fiel al portal
UN AMOR LAPIDADO
Rota ya estoy,
ahora destrozareis mi cuerpo.
Pero eso no dolerá,
me quebrasteis más adentro.
Aquí estoy acurrucada,
envuelta en ropas azules,
sin escucharos siquiera,
vestidos de oscuras nubes.
Porque mucho es lo que pierdo,
ese olor de mi pequeño,
como a jengibre molido,
amamantado hasta el sueño.
Y al que ya estaba creciendo,
el que ya era casi un hombre.
Ese que aún me abrazaba,
cuando lloraba de azotes.
Y volarán vuestras piedras,
paridas de vuestros odios.
Haréis de mí una diana,
donde enjuagaros los lodos.
Se muy bien que intentareis,
borrarles todos mis besos,
tantos miedos que pasé,
por sus sudores enfermos.
Me abrasa lo que les viene,
y si podrán superarlo,
cuando contéis que esta madre
fue una del fruta pecado.
Amé, amé tanto como pude,
superando los cansancios,
muchos momentos ingratos
y tantos sueños amargos.
Y también amé a ese hombre,
no tengo porque negarlo.
Me vibraba el corazón
cuando yacía a mí lado.
¡Lanzad!
¡Lanzad vuestras piedras!
¡Lanzadme todos los odios!
Si queréis que me arrepienta,
solo es por dejarlos solos,
por no poder protegerlos,
del credo que en vuestras manos,
ha perdido los colores,
y ha escrito en letras torcidas,
que si te brotan amores,
podrán quitarte la vida,
por mujer en ley de hombres.
Rota ya estoy,
ahora destrozareis mi cuerpo.
Pero eso no dolerá,
me quebrasteis más adentro.
Aquí estoy acurrucada,
envuelta en ropas azules,
sin escucharos siquiera,
vestidos de oscuras nubes.
Porque mucho es lo que pierdo,
ese olor de mi pequeño,
como a jengibre molido,
amamantado hasta el sueño.
Y al que ya estaba creciendo,
el que ya era casi un hombre.
Ese que aún me abrazaba,
cuando lloraba de azotes.
Y volarán vuestras piedras,
paridas de vuestros odios.
Haréis de mí una diana,
donde enjuagaros los lodos.
Se muy bien que intentareis,
borrarles todos mis besos,
tantos miedos que pasé,
por sus sudores enfermos.
Me abrasa lo que les viene,
y si podrán superarlo,
cuando contéis que esta madre
fue una del fruta pecado.
Amé, amé tanto como pude,
superando los cansancios,
muchos momentos ingratos
y tantos sueños amargos.
Y también amé a ese hombre,
no tengo porque negarlo.
Me vibraba el corazón
cuando yacía a mí lado.
¡Lanzad!
¡Lanzad vuestras piedras!
¡Lanzadme todos los odios!
Si queréis que me arrepienta,
solo es por dejarlos solos,
por no poder protegerlos,
del credo que en vuestras manos,
ha perdido los colores,
y ha escrito en letras torcidas,
que si te brotan amores,
podrán quitarte la vida,
por mujer en ley de hombres.
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