jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
Un día después de mi boda
asesiné a mi mujer
¡era ella tan hermosa!
¡era tan hermoso estar al principio
de aquella bella historia de amor
que no había hecho más que comenzar!
¡era tan hermoso lo que sentíamos,
ella por mí y yo por ella!
¡era tan hermoso no haber tenido
todavía hijos a los cuales mantener,
no haber contraído todavía hipotecas
por pagar, no haber acumulado aún
agravios mutuos!
¡yo sabía que no habría después,
a lo largo del transcurso de nuestra
vida en común, un momento que
pudiera compararse siquiera
con aquella luminosa mañana
posterior a nuestro casamiento,
cuando ambos tomábamos en la
cama, el desayuno que la administración
del hotel había hecho subir a
nuestra suite!
entonces fue que decidí matarla;
cogí una de sus medias del piso
se la pasé alrededor del cuello
apreté con fuerzas...
y el futuro ya no pudo jamás
hacer nada para arruinar
el esplendoroso recuerdo
de ella y de nuestra fantástica
historia
que desde entonces guardo
en mi corazón
asesiné a mi mujer
¡era ella tan hermosa!
¡era tan hermoso estar al principio
de aquella bella historia de amor
que no había hecho más que comenzar!
¡era tan hermoso lo que sentíamos,
ella por mí y yo por ella!
¡era tan hermoso no haber tenido
todavía hijos a los cuales mantener,
no haber contraído todavía hipotecas
por pagar, no haber acumulado aún
agravios mutuos!
¡yo sabía que no habría después,
a lo largo del transcurso de nuestra
vida en común, un momento que
pudiera compararse siquiera
con aquella luminosa mañana
posterior a nuestro casamiento,
cuando ambos tomábamos en la
cama, el desayuno que la administración
del hotel había hecho subir a
nuestra suite!
entonces fue que decidí matarla;
cogí una de sus medias del piso
se la pasé alrededor del cuello
apreté con fuerzas...
y el futuro ya no pudo jamás
hacer nada para arruinar
el esplendoroso recuerdo
de ella y de nuestra fantástica
historia
que desde entonces guardo
en mi corazón
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