Una mañana de miel meliflua,
cuando la nostalgia engalanabase,
una criatura, que dulzura encarnaba
en los aires derretía mi alma;
Pero mi corazón en asecho
presente tenia,
que de mis manos,
fuese ella, la primera,
una carta en dadle acogida.
Regalaseme entonces, en suficiente escena,
Ares, eros y pachamamac;
el temor, la erección y el temblor;
y de ello un verso en creación.
Un poema entonces,
en papel zarzo,
acogida hallasen
en sus blandas manos.
¡Ave María!..
una, desliza, macabra risa
su labial de niña.
y ¡desden! entregadme
a mi morbosa dicha.
¡oh, santa rita!
¡oh, san fray luis!
¿que ambrosia, es este dolor,
que llevase a mi rostro, pura alegria?
y algunas risas desfilan (¡oh, disimulo!,
dolorosa salida).