He visto tu rostro nuevamente,
con ello este corazón se estremeció;
el amor resurgió como del invierno la primavera
y como amenaza de tormenta
los miedos acecharon este corazón cicatrizado,
pues fue tu amor ponzoñosa zaeta.
He escuchado de tu boca nuevamente las promesas,
esas tus palabras seductoras encendieron mi hoguera,
la que ardió en ansias, las ansias que consumieron mis fuerzas
y sumieron este ser nuevamente en la pena.
Pena que escondo tras careta de felicidad falsa y grosera,
hecho o blasfemia que al reír siento como me ahoga
y sin remedio esta condena retumba en una cama vacía,
en estas cuatro paredes que encierran la falsa alegría
pues ha vuelto tu alma impía a ofrecer el fuego y quimera
así como también vivir el infierno de un amor que no prospera.
Sibelius