Rey de la Patagonia
Poeta adicto al portal
Un amor que pude empezar
pero no pude terminar,
un amor que llego a mi
desde el altar del destino,
un amor que negaba
todos los caminos,
que segó cada recuerdo seco,
un amor que con su viento
se llevo cada aroma,
cada mirada dulce
y también las amargas.
Yo quise ver por los umbrales del tiempo,
quise jugar con el destino
y retarlo,
nunca vi lo frágil que puede ser el amor
cuando es cierto,
ciego a tu monumento
creí tener la semilla de tu alma
en mis manos,
creí tener tu ojos aprisionados
y tu corazón encadenado.
Las palabras son flechas envenenadas,
afilado borde mi oratoria rancia,
como poder reescribir,
como puedo desarticular las vocales
y las consonantes,
palabras,
flechas envenenadas que no vuelven,
que hieren y mancillan alma blanca,
y marchan delante de ti
como un desfile de martillos.
Yo puedo contener
los momentos,
un amor que pude empezar
y que no pude terminar,
de tanto en tanto
me acuerdo de ti,
no te quiero
y te quiero,
se que no puedo dar un paso más
sin ti
y me enfrento a abismos blancos
y oscuras y profundas noches,
abismos que mi mente no entiende
y que mi corazón teme,
abismos de distancia,
con nubes de soledad plena.
A veces me descubro
parado en algún sitio
sin saber a dónde ir,
jamás sabré donde ir,
tu amor llego a mí desde el altar del destino,
eras el fin de mi camino,
de aquí no hay donde más ir,
eras el final,
lo completo,
lo perfecto,
eras mi mujer
y eras mi tiempo,
y eras estos versos
y los de cada poeta vivo o muerto.
Ame al destino,
y no a ti,
confié en los anillos perfectos
que nos regalo el sol,
creí que la vida era eterna
y lo es ahora sin ti,
que frio siento ahora lejos de tus besos
y de tus ojos quietos,
ahora creo,
creo,
que nuestro amor
era cierto.
pero no pude terminar,
un amor que llego a mi
desde el altar del destino,
un amor que negaba
todos los caminos,
que segó cada recuerdo seco,
un amor que con su viento
se llevo cada aroma,
cada mirada dulce
y también las amargas.
Yo quise ver por los umbrales del tiempo,
quise jugar con el destino
y retarlo,
nunca vi lo frágil que puede ser el amor
cuando es cierto,
ciego a tu monumento
creí tener la semilla de tu alma
en mis manos,
creí tener tu ojos aprisionados
y tu corazón encadenado.
Las palabras son flechas envenenadas,
afilado borde mi oratoria rancia,
como poder reescribir,
como puedo desarticular las vocales
y las consonantes,
palabras,
flechas envenenadas que no vuelven,
que hieren y mancillan alma blanca,
y marchan delante de ti
como un desfile de martillos.
Yo puedo contener
los momentos,
un amor que pude empezar
y que no pude terminar,
de tanto en tanto
me acuerdo de ti,
no te quiero
y te quiero,
se que no puedo dar un paso más
sin ti
y me enfrento a abismos blancos
y oscuras y profundas noches,
abismos que mi mente no entiende
y que mi corazón teme,
abismos de distancia,
con nubes de soledad plena.
A veces me descubro
parado en algún sitio
sin saber a dónde ir,
jamás sabré donde ir,
tu amor llego a mí desde el altar del destino,
eras el fin de mi camino,
de aquí no hay donde más ir,
eras el final,
lo completo,
lo perfecto,
eras mi mujer
y eras mi tiempo,
y eras estos versos
y los de cada poeta vivo o muerto.
Ame al destino,
y no a ti,
confié en los anillos perfectos
que nos regalo el sol,
creí que la vida era eterna
y lo es ahora sin ti,
que frio siento ahora lejos de tus besos
y de tus ojos quietos,
ahora creo,
creo,
que nuestro amor
era cierto.