Javier Palanca
Poeta fiel al portal
El serpenteo de las calles sin atajos
acaba por marearme los axones y dentritas
de un sistema nervioso desgastado
entre tantas revueltas a menudo repetidas.
Miro y enfilo la cuesta ya cansado
porque me la conozco cual gemela
de la que en otras horas me vivió vencido
tan exhausto como rabioso y resentido.
Exasperado en perdiciones ya prescritas
puedo bañarme y revolcarme en lodos
como si estuviera en un estanque propio
forjado entre secuencias como agobios.
Pero me queda un ápice de revolución interna
porque vi las amapolas bamboleando
en un día sin viento ni abanicos
en esa madrugada
sobre tu piel dormido.
acaba por marearme los axones y dentritas
de un sistema nervioso desgastado
entre tantas revueltas a menudo repetidas.
Miro y enfilo la cuesta ya cansado
porque me la conozco cual gemela
de la que en otras horas me vivió vencido
tan exhausto como rabioso y resentido.
Exasperado en perdiciones ya prescritas
puedo bañarme y revolcarme en lodos
como si estuviera en un estanque propio
forjado entre secuencias como agobios.
Pero me queda un ápice de revolución interna
porque vi las amapolas bamboleando
en un día sin viento ni abanicos
en esa madrugada
sobre tu piel dormido.