Antares
Poeta adicto al portal
El antro tenía aspecto de un lúgubre lugar,
con una neblina en el denso ambiente, fruto de los empedernidos fumadores que allí consumían su tiempo entre música y alcohol.
Mi cabello negro a lo “garçon”, dejaba mi cuello al descubierto. Un vestido de raso rojo con encajes negros y zapatos negros de tacón de aguja, insinuaban erotismo y sensualidad.
“ Sonaba un bello tango
noté que me observaba
aquel desconocido
y vi que se acercaba,
a un ritmo lento
clavando su mirada,
me tomó mis manos
y sobraron las palabras.
Sentí como la música
fácilmente me arrastraba,
cuando con destreza mis piernas
en las suyas se enlazaban.
El movimiento sensual
y la profundidad de su mirada,
hacían que me perdiera
en el mar que deseaba.
La noche fue creciendo.
La luna se apagaba.
El hechizo se produjo
cuando mis labios besaba
aquel extraño que con pasión,
un bello tango bailaba”.
con una neblina en el denso ambiente, fruto de los empedernidos fumadores que allí consumían su tiempo entre música y alcohol.
Mi cabello negro a lo “garçon”, dejaba mi cuello al descubierto. Un vestido de raso rojo con encajes negros y zapatos negros de tacón de aguja, insinuaban erotismo y sensualidad.
“ Sonaba un bello tango
noté que me observaba
aquel desconocido
y vi que se acercaba,
a un ritmo lento
clavando su mirada,
me tomó mis manos
y sobraron las palabras.
Sentí como la música
fácilmente me arrastraba,
cuando con destreza mis piernas
en las suyas se enlazaban.
El movimiento sensual
y la profundidad de su mirada,
hacían que me perdiera
en el mar que deseaba.
La noche fue creciendo.
La luna se apagaba.
El hechizo se produjo
cuando mis labios besaba
aquel extraño que con pasión,
un bello tango bailaba”.
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