Un beso en un suspiro




Un beso en un suspiro



Acumulando en una veta la mar o un suspiro,
o el amor azul lleno de trinos,
contagiado por una interminable estela
que se pronuncia incontenible en la horizontalidad del orbe,
como si fuese la más cercana recta
o la más lejana esfera que en ti brillara,
miro así tu corazón y escribo.


Contemplativo hacia la verticalidad,
hacia la expectante respuesta a ese confín,
llega un murmullo exhalado
y un suspiro escapa entre la piel a perseguirlo.
Y sólo pienso en ti, en arrancarte con los labios los latidos.


Mira: tan frágiles tus manos se adhieren y coluden,
su suave carne se apresa en la frontera de un exilio…
y las hago mías, en los límites que en ti concibo.
Y sólo pienso en ti.


Arranco de tus labios otros labios escondidos
sin que sepan de las horas en que toco sus tejidos.
A ellos, junto a ellos,
les devuelvo un respiro desprendiendo mis sentidos.
Y sólo pienso en ti.


Persigo lo que tienes, lo que cubres y segregas.
Elaboro un cosmos en tus yemas y substancias.
Identifico al sol en cada uno de tus jugos.
Y sólo pienso en ti, en arrancarte el corazón
y regalarle mis indómitos suspiros.


Pero, ¿a quién?... Si de tus ojos hay ojos siempre
que el horizonte cubre con su nube
para dejarlos vivos, sin aliento,
y depositarlos al rocío cuando abren.


Suelo arrancarte a besos…
¡Suelo arrancarte la luz de un beso!
Es el amor un nudo atado al pecho
que desahoga su gemido allá en lo alto.
Mira: tus lindos ojos… tus ojos lindos…


¿Acaso el amor dejó su escrito
y al mirarle, en una letra, lo firmó para leerte?
Pero… ¿a quién?
Llamo a tu puerta, a tu nombre, a tu figura:
el espacio que abre es la mitad de una llamada
y la otra es parte de tu boca.
¡Sólo pienso en ti!


Suelo esconderte y refugiarte.
Y tus ojos, lindos ojos,
me arrancan en mitades a tus partes.
¡Sólo pienso en ti!
Suele mi boca tocar tu boca.
Suelen tus ojos abrir mis ojos.
Penetran raudas y australes vías
que se entrecruzan y luego expían.
Suelen tus manos blindar mis manos.
Todo viene y escapa al verte,
todo se cubre de enmascarado alivio,
todo se inhibe junto a tu vientre.
¡Me arranca el pecho tu aroma ardiente!
¡Me arranca sangre tu sangre tenue!
Pero, mira: tus lindos ojos… tus ojos lindos…
¡Es el amor, lo sé!
Aquí en tus besos la estela cae.
Allá en la calma el horizonte su azul embiste.
El viento sopla y tu rostro ondea la mar que brisa.
Suelo aquietarme en tu abrazo e irme.
Tus lindos ojos… tus ojos lindos…
Suelo arrancarte en la mar y en ti perderme.



Salvador Pliego



Mucha intensidad en esa pasión, como siempre, Salvador. M e encantó eso de "arrancar con los labios los latidos". Felicidades.
Un abrazo desde esta orilla.
 
14.gif


Un beso en un suspiro



Acumulando en una veta la mar o un suspiro,
o el amor azul lleno de trinos,
contagiado por una interminable estela
que se pronuncia incontenible en la horizontalidad del orbe,
como si fuese la más cercana recta
o la más lejana esfera que en ti brillara,
miro así tu corazón y escribo.


Contemplativo hacia la verticalidad,
hacia la expectante respuesta a ese confín,
llega un murmullo exhalado
y un suspiro escapa entre la piel a perseguirlo.
Y sólo pienso en ti, en arrancarte con los labios los latidos.


Mira: tan frágiles tus manos se adhieren y coluden,
su suave carne se apresa en la frontera de un exilio…
y las hago mías, en los límites que en ti concibo.
Y sólo pienso en ti.


Arranco de tus labios otros labios escondidos
sin que sepan de las horas en que toco sus tejidos.
A ellos, junto a ellos,
les devuelvo un respiro desprendiendo mis sentidos.
Y sólo pienso en ti.


Persigo lo que tienes, lo que cubres y segregas.
Elaboro un cosmos en tus yemas y substancias.
Identifico al sol en cada uno de tus jugos.
Y sólo pienso en ti, en arrancarte el corazón
y regalarle mis indómitos suspiros.


Pero, ¿a quién?... Si de tus ojos hay ojos siempre
que el horizonte cubre con su nube
para dejarlos vivos, sin aliento,
y depositarlos al rocío cuando abren.


Suelo arrancarte a besos…
¡Suelo arrancarte la luz de un beso!
Es el amor un nudo atado al pecho
que desahoga su gemido allá en lo alto.
Mira: tus lindos ojos… tus ojos lindos…


¿Acaso el amor dejó su escrito
y al mirarle, en una letra, lo firmó para leerte?
Pero… ¿a quién?
Llamo a tu puerta, a tu nombre, a tu figura:
el espacio que abre es la mitad de una llamada
y la otra es parte de tu boca.
¡Sólo pienso en ti!


Suelo esconderte y refugiarte.
Y tus ojos, lindos ojos,
me arrancan en mitades a tus partes.
¡Sólo pienso en ti!
Suele mi boca tocar tu boca.
Suelen tus ojos abrir mis ojos.
Penetran raudas y australes vías
que se entrecruzan y luego expían.
Suelen tus manos blindar mis manos.
Todo viene y escapa al verte,
todo se cubre de enmascarado alivio,
todo se inhibe junto a tu vientre.
¡Me arranca el pecho tu aroma ardiente!
¡Me arranca sangre tu sangre tenue!
Pero, mira: tus lindos ojos… tus ojos lindos…
¡Es el amor, lo sé!
Aquí en tus besos la estela cae.
Allá en la calma el horizonte su azul embiste.
El viento sopla y tu rostro ondea la mar que brisa.
Suelo aquietarme en tu abrazo e irme.
Tus lindos ojos… tus ojos lindos…
Suelo arrancarte en la mar y en ti perderme.


Salvador Pliego


maravilloso poema maestro
un placer leerte
un abrazo con mis alas abiertas
:::hug:::
 
14.gif





Un beso en un suspiro



Acumulando en una veta la mar o un suspiro,
o el amor azul lleno de trinos,
contagiado por una interminable estela
que se pronuncia incontenible en la horizontalidad del orbe,
como si fuese la más cercana recta
o la más lejana esfera que en ti brillara,
miro así tu corazón y escribo.


Contemplativo hacia la verticalidad,
hacia la expectante respuesta a ese confín,
llega un murmullo exhalado
y un suspiro escapa entre la piel a perseguirlo.
Y sólo pienso en ti, en arrancarte con los labios los latidos.


Mira: tan frágiles tus manos se adhieren y coluden,
su suave carne se apresa en la frontera de un exilio…
y las hago mías, en los límites que en ti concibo.
Y sólo pienso en ti.


Arranco de tus labios otros labios escondidos
sin que sepan de las horas en que toco sus tejidos.
A ellos, junto a ellos,
les devuelvo un respiro desprendiendo mis sentidos.
Y sólo pienso en ti.


Persigo lo que tienes, lo que cubres y segregas.
Elaboro un cosmos en tus yemas y substancias.
Identifico al sol en cada uno de tus jugos.
Y sólo pienso en ti, en arrancarte el corazón
y regalarle mis indómitos suspiros.


Pero, ¿a quién?... Si de tus ojos hay ojos siempre
que el horizonte cubre con su nube
para dejarlos vivos, sin aliento,
y depositarlos al rocío cuando abren.


Suelo arrancarte a besos…
¡Suelo arrancarte la luz de un beso!
Es el amor un nudo atado al pecho
que desahoga su gemido allá en lo alto.
Mira: tus lindos ojos… tus ojos lindos…


¿Acaso el amor dejó su escrito
y al mirarle, en una letra, lo firmó para leerte?
Pero… ¿a quién?
Llamo a tu puerta, a tu nombre, a tu figura:
el espacio que abre es la mitad de una llamada
y la otra es parte de tu boca.
¡Sólo pienso en ti!


Suelo esconderte y refugiarte.
Y tus ojos, lindos ojos,
me arrancan en mitades a tus partes.
¡Sólo pienso en ti!
Suele mi boca tocar tu boca.
Suelen tus ojos abrir mis ojos.
Penetran raudas y australes vías
que se entrecruzan y luego expían.
Suelen tus manos blindar mis manos.
Todo viene y escapa al verte,
todo se cubre de enmascarado alivio,
todo se inhibe junto a tu vientre.
¡Me arranca el pecho tu aroma ardiente!
¡Me arranca sangre tu sangre tenue!
Pero, mira: tus lindos ojos… tus ojos lindos…
¡Es el amor, lo sé!
Aquí en tus besos la estela cae.
Allá en la calma el horizonte su azul embiste.
El viento sopla y tu rostro ondea la mar que brisa.
Suelo aquietarme en tu abrazo e irme.
Tus lindos ojos… tus ojos lindos…
Suelo arrancarte en la mar y en ti perderme.



Salvador Pliego




¡Voto a dios!, que tanta belleza, jamás por pluma fue plasmada; lo fue con la suma de hermosas líneas en son curvadas, como las olas de la mar brava, como las tuyas sobre su falda.

No hay bastantes estrellas en la Vía Láctea, para adornar tanta maravella. Quedo prendado de su poesía Don Salvador, un abrazo
 
Última edición:
14.gif



Un beso en un suspiro



Acumulando en una veta la mar o un suspiro,
o el amor azul lleno de trinos,
contagiado por una interminable estela
que se pronuncia incontenible en la horizontalidad del orbe,
como si fuese la más cercana recta
o la más lejana esfera que en ti brillara,
miro así tu corazón y escribo.


Contemplativo hacia la verticalidad,
hacia la expectante respuesta a ese confín,
llega un murmullo exhalado
y un suspiro escapa entre la piel a perseguirlo.
Y sólo pienso en ti, en arrancarte con los labios los latidos.


Mira: tan frágiles tus manos se adhieren y coluden,
su suave carne se apresa en la frontera de un exilio…
y las hago mías, en los límites que en ti concibo.
Y sólo pienso en ti.


Arranco de tus labios otros labios escondidos
sin que sepan de las horas en que toco sus tejidos.
A ellos, junto a ellos,
les devuelvo un respiro desprendiendo mis sentidos.
Y sólo pienso en ti.


Persigo lo que tienes, lo que cubres y segregas.
Elaboro un cosmos en tus yemas y substancias.
Identifico al sol en cada uno de tus jugos.
Y sólo pienso en ti, en arrancarte el corazón
y regalarle mis indómitos suspiros.


Pero, ¿a quién?... Si de tus ojos hay ojos siempre
que el horizonte cubre con su nube
para dejarlos vivos, sin aliento,
y depositarlos al rocío cuando abren.


Suelo arrancarte a besos…
¡Suelo arrancarte la luz de un beso!
Es el amor un nudo atado al pecho
que desahoga su gemido allá en lo alto.
Mira: tus lindos ojos… tus ojos lindos…


¿Acaso el amor dejó su escrito
y al mirarle, en una letra, lo firmó para leerte?
Pero… ¿a quién?
Llamo a tu puerta, a tu nombre, a tu figura:
el espacio que abre es la mitad de una llamada
y la otra es parte de tu boca.
¡Sólo pienso en ti!


Suelo esconderte y refugiarte.
Y tus ojos, lindos ojos,
me arrancan en mitades a tus partes.
¡Sólo pienso en ti!
Suele mi boca tocar tu boca.
Suelen tus ojos abrir mis ojos.
Penetran raudas y australes vías
que se entrecruzan y luego expían.
Suelen tus manos blindar mis manos.
Todo viene y escapa al verte,
todo se cubre de enmascarado alivio,
todo se inhibe junto a tu vientre.
¡Me arranca el pecho tu aroma ardiente!
¡Me arranca sangre tu sangre tenue!
Pero, mira: tus lindos ojos… tus ojos lindos…
¡Es el amor, lo sé!
Aquí en tus besos la estela cae.
Allá en la calma el horizonte su azul embiste.
El viento sopla y tu rostro ondea la mar que brisa.
Suelo aquietarme en tu abrazo e irme.
Tus lindos ojos… tus ojos lindos…
Suelo arrancarte en la mar y en ti perderme.



Salvador Pliego





Hermosura de poema Salvador,
tierno, sensible, amoroso,
que dulces versos nos has dejado,
para que todos podamos disfrtutarlo contigo.
Me gustó mucho tu poema
Un placer haber pasado
Un beso:::hug:::
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.

✦ Hazte Mecenas

Sin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español

Atrás
Arriba