Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Estaba ahí, suspendido en el aire como un suspiro olvidado,
entre el café que no tomamos y la despedida que no dijimos.
Un beso huérfano, desvelado,
que no sabía a quién pertenecía…
y yo, ladrón de ausencias,
me lo robé.
Lo guardé entre mis labios como un secreto
que arde y no se dice,
como esas cartas que se escriben para no enviarse.
Era un beso sin dueño,
pero en mi boca supo a ti.
A tu voz dormida, a tu risa de media tarde,
a tu silencio que aún me visita cuando cierro los ojos.
¿Quién pierde un beso así?
¿Quién deja un deseo sin cerrar la puerta?
Yo no podía dejarlo vagar,
porque aunque no era mío,
desde siempre me estaba esperando.
entre el café que no tomamos y la despedida que no dijimos.
Un beso huérfano, desvelado,
que no sabía a quién pertenecía…
y yo, ladrón de ausencias,
me lo robé.
Lo guardé entre mis labios como un secreto
que arde y no se dice,
como esas cartas que se escriben para no enviarse.
Era un beso sin dueño,
pero en mi boca supo a ti.
A tu voz dormida, a tu risa de media tarde,
a tu silencio que aún me visita cuando cierro los ojos.
¿Quién pierde un beso así?
¿Quién deja un deseo sin cerrar la puerta?
Yo no podía dejarlo vagar,
porque aunque no era mío,
desde siempre me estaba esperando.