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Un café a las tres

Jose Anibal Ortiz Lozada

Poeta adicto al portal
Un café humeante a las tres,
en la mesa que nos vio reír,
espera y no sabe de adioses,
pero siente el frío de tu ausencia.

Las sillas enfrentadas aún susurran
nuestro último diálogo convertido en eco;
mis palabras, hojas muertas esperando,
esperando el sonido de tus pasos.

El reloj avanza, despiadado y exacto,
mi corazón, en cambio, detenido,
atrapado en el instante de tu risa,
en la promesa de tu vuelta.

Comienza a llover a las tres,
el cielo llora conmigo,
cada gota, un recuerdo,
cada charco, un espejo de tu ausencia.

¿Volverás a tomar este café que se enfría?
¿Volverás a llenar el vacío de estas sillas?
Solo sé que cada día, a las tres,
mi esperanza se sienta, espera, y te desea.
 
Un café humeante a las tres,
en la mesa que nos vio reír,
espera y no sabe de adioses,
pero siente el frío de tu ausencia.

Las sillas enfrentadas aún susurran
nuestro último diálogo convertido en eco;
mis palabras, hojas muertas esperando,
esperando el sonido de tus pasos.

El reloj avanza, despiadado y exacto,
mi corazón, en cambio, detenido,
atrapado en el instante de tu risa,
en la promesa de tu vuelta.

Comienza a llover a las tres,
el cielo llora conmigo,
cada gota, un recuerdo,
cada charco, un espejo de tu ausencia.

¿Volverás a tomar este café que se enfría?
¿Volverás a llenar el vacío de estas sillas?
Solo sé que cada día, a las tres,
mi esperanza se sienta, espera, y te desea.
Dulces líneas con un gran final.
Así quedamos todos, desconsolados, deseando que todo vuelva a ser como antes.

Saludos
 
Un café humeante a las tres,
en la mesa que nos vio reír,
espera y no sabe de adioses,
pero siente el frío de tu ausencia.

Las sillas enfrentadas aún susurran
nuestro último diálogo convertido en eco;
mis palabras, hojas muertas esperando,
esperando el sonido de tus pasos.

El reloj avanza, despiadado y exacto,
mi corazón, en cambio, detenido,
atrapado en el instante de tu risa,
en la promesa de tu vuelta.

Comienza a llover a las tres,
el cielo llora conmigo,
cada gota, un recuerdo,
cada charco, un espejo de tu ausencia.

¿Volverás a tomar este café que se enfría?
¿Volverás a llenar el vacío de estas sillas?
Solo sé que cada día, a las tres,
mi esperanza se sienta, espera, y te desea.
Maravilla de poema lleno de nostalgia y olor a café.Un gusto leerte.
 
Un café humeante a las tres,
en la mesa que nos vio reír,
espera y no sabe de adioses,
pero siente el frío de tu ausencia.

Las sillas enfrentadas aún susurran
nuestro último diálogo convertido en eco;
mis palabras, hojas muertas esperando,
esperando el sonido de tus pasos.

El reloj avanza, despiadado y exacto,
mi corazón, en cambio, detenido,
atrapado en el instante de tu risa,
en la promesa de tu vuelta.

Comienza a llover a las tres,
el cielo llora conmigo,
cada gota, un recuerdo,
cada charco, un espejo de tu ausencia.

¿Volverás a tomar este café que se enfría?
¿Volverás a llenar el vacío de estas sillas?
Solo sé que cada día, a las tres,
mi esperanza se sienta, espera, y te desea.

Un placer detenerme en tus versos poeta.
Un fuerte abrazo.
 
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