Paco Valiente
Poeta que no puede vivir sin el portal
En esta ciudad
en la que a duras penas
sobrevive el silencio
los latidos del reloj
delimitan la frontera con la noche,
los automóviles son los reyes
del desproposito,
sus gentes se buscan con miedo
entre soledades que se repiten
y el dinero es la religión
que casi todo lo puede,
recorro sus calles invisible
entre palomas valientes
y versos de todos los colores,
un cigarrillo a tiempo,
una veloz mirada,
una palabra extraviada...
es todo lo que necesito
para ser uno más,
un caminante sin nombre.
en la que a duras penas
sobrevive el silencio
los latidos del reloj
delimitan la frontera con la noche,
los automóviles son los reyes
del desproposito,
sus gentes se buscan con miedo
entre soledades que se repiten
y el dinero es la religión
que casi todo lo puede,
recorro sus calles invisible
entre palomas valientes
y versos de todos los colores,
un cigarrillo a tiempo,
una veloz mirada,
una palabra extraviada...
es todo lo que necesito
para ser uno más,
un caminante sin nombre.