Agua
Poeta asiduo al portal
Con los rizos trenzados al viento
y un vaporoso velo de gasa
subiendo las escaleras del templo
casi flotando con mi vestido de organza...
las manos cubiertas de flores
de frescas magnolias y rosas,
al son de la música marcho
al lugar donde me harás tu esposa,
No hay nadie que ahora nos vea,
testigos ni gente curiosa...
estás tú: tan galante y altivo
y estoy yo, humilde y vergonzosa,
y este amor que juré regalarte
de forma conciente y alevosa:
y mientras te observo, me dirijo
al lugar donde me harás tu esposa.
Y tu mirada me encuentra
entre santos y pilares del templo,
y con una sonrisa abierta
caminando vienes a mi encuentro...
¡Cómo no sentirme alegre
si camino hacia Tí como novia anhelosa!...
y cuando nuestras manos se encuentran, se juntan
en el lugar donde me harás tu esposa...
Se conversan nuestras miradas
y se entrelazan nuestros dedos
y frente al sacerdote prometemos
amarnos a través del tiempo.
Mi corazón es una orquesta,
mi alma canta gozosa,
mi alma se engolondrina
al saber que seré tu esposa,
Con mi alma trenzada a la tuya,
y en mi mano brillando tu argolla
nuestros nombres en más serán ahora uno
pues nos conocerán como esposos...
Cuidaré ahora de tu nido
y tu nombre portaré orgullosa:
desde hoy hasta que Dios diga lo contrario
el mundo me conocerá como Tu Esposa...
----------
Macarena V. Quevedo
Agua
y un vaporoso velo de gasa
subiendo las escaleras del templo
casi flotando con mi vestido de organza...
las manos cubiertas de flores
de frescas magnolias y rosas,
al son de la música marcho
al lugar donde me harás tu esposa,
No hay nadie que ahora nos vea,
testigos ni gente curiosa...
estás tú: tan galante y altivo
y estoy yo, humilde y vergonzosa,
y este amor que juré regalarte
de forma conciente y alevosa:
y mientras te observo, me dirijo
al lugar donde me harás tu esposa.
Y tu mirada me encuentra
entre santos y pilares del templo,
y con una sonrisa abierta
caminando vienes a mi encuentro...
¡Cómo no sentirme alegre
si camino hacia Tí como novia anhelosa!...
y cuando nuestras manos se encuentran, se juntan
en el lugar donde me harás tu esposa...
Se conversan nuestras miradas
y se entrelazan nuestros dedos
y frente al sacerdote prometemos
amarnos a través del tiempo.
Mi corazón es una orquesta,
mi alma canta gozosa,
mi alma se engolondrina
al saber que seré tu esposa,
Con mi alma trenzada a la tuya,
y en mi mano brillando tu argolla
nuestros nombres en más serán ahora uno
pues nos conocerán como esposos...
Cuidaré ahora de tu nido
y tu nombre portaré orgullosa:
desde hoy hasta que Dios diga lo contrario
el mundo me conocerá como Tu Esposa...
----------
Macarena V. Quevedo
Agua