Cristina Chaca
Poeta recién llegado
La despertó el aroma de los jazmines; esperaba esa primavera como lo había hecho con todas las de su vida.
Unas sábanas blancas le acariciaban la piel, rítmica, suavemente, como su respiración.
Se acomodó en el vértice del amanecer, el sol le ofreció el recuerdo de aquel frasco de vidrio lleno de dulce de naranjas recién hecho y un sabor cítrico le dibujó una sonrisa.
Sus ojos se encontraron con un cielo que desplegó para ella todos los colores menos uno.
Buscó con urgencia la caja en la que guardada el alma y la apretó contra su pecho para sentarse, luego, al borde de la cama que la recibió tan mullida como siempre.
Con un solo movimiento sus manos abrieron el cofre de par en par y un haz de luz cruzó la habitación.
Como mariposas, volaron por el aire, todos los besos que nunca llegaron a ser recuerdo. Las risas de todos sus amores conocidos y por conocer se desbandaron como perlas de un desquiciado collar.
Se detuvo a contemplar todos los días de su vida - burbujas de jabón patinando en el espacio.
Las palabras, como pájaros predestinados, volaron en busca de alas nuevas.
Se dirigió al balcón, miró sonriendo al cielo, atravesó el velo húmedo de aquel mar tan lejano como su memoria, y con su cofre vacío partió como esos pájaros, sin más canto que el de su libertad.
Se cuenta que en las noches claras, pasa lista a las estrellas.
Nadie supo más de ella; ni antes ni después.
Los únicos testigos fueron los jazmines cuyo perfume aún nadie se atreve a descifrar.
© Cristina Chaca
2003
