Wiccambar
Poeta adicto al portal
Me pudro cada día en esta acera
la yerba ya no es tan buena
huelo a mierda,
seguro defeque en mis pantalones
y no me di cuenta.
Me acerque a una cafetería
solo quería un puto pan
pero me sacaron a golpes.
Malditos afortunados, ni un pinche pan,
pero puedo esperar a que saquen la basura
siempre botan los sobros.
De vuelta a la acera, un día más en la calle
fumando mi yerba, bebiendo de mi botella.
Los del frente me miran siempre con repudio
con esas ganas de que yo me muera,
seguro les apesto
soy un despojo que mancha la sociedad.
¿Quién conoce mi puta vida?
Nadie me pregunta porque duermo en las aceras,
con darme limosna ya se ganaron el cielo los malditos
¿Y dónde queda mi puta historia?
alguna vez tuve una madre.
Nadie sabe que existo
que bajo la luz de la luna,
del frio, la lluvia y a la par de los perros,
existo.
Vuelvo a llorar en la acera, silenciosamente,
solo por dentro, preguntándome
cuando fue el día que la calle se hizo mi casa.
Cada día me levanto con la esperanza de amanecer muerto,
pero aquí estoy, mirando los zombis caminar
preocupados por lo que comerán
que vestirán, de donde sacaran dinero.
Y yo simplemente
me comeré un pan del basurero
y me lo comeré en paz
dejé de preocuparme.
Solo espero
que alguien me regale un café.
la yerba ya no es tan buena
huelo a mierda,
seguro defeque en mis pantalones
y no me di cuenta.
Me acerque a una cafetería
solo quería un puto pan
pero me sacaron a golpes.
Malditos afortunados, ni un pinche pan,
pero puedo esperar a que saquen la basura
siempre botan los sobros.
De vuelta a la acera, un día más en la calle
fumando mi yerba, bebiendo de mi botella.
Los del frente me miran siempre con repudio
con esas ganas de que yo me muera,
seguro les apesto
soy un despojo que mancha la sociedad.
¿Quién conoce mi puta vida?
Nadie me pregunta porque duermo en las aceras,
con darme limosna ya se ganaron el cielo los malditos
¿Y dónde queda mi puta historia?
alguna vez tuve una madre.
Nadie sabe que existo
que bajo la luz de la luna,
del frio, la lluvia y a la par de los perros,
existo.
Vuelvo a llorar en la acera, silenciosamente,
solo por dentro, preguntándome
cuando fue el día que la calle se hizo mi casa.
Cada día me levanto con la esperanza de amanecer muerto,
pero aquí estoy, mirando los zombis caminar
preocupados por lo que comerán
que vestirán, de donde sacaran dinero.
Y yo simplemente
me comeré un pan del basurero
y me lo comeré en paz
dejé de preocuparme.
Solo espero
que alguien me regale un café.
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