Rolando Kindelan Nuñez
Poeta fiel al portal
El día se llenaba de sentido...
la alcoba se achicaba al movimiento...
dejaba de extenso ser el aposento,
y el aire tampoco alcanzaba para dos.
Él, que la estudiaba desde dentro...
Ella, que hasta los frenos perdió...
hallaban del amor la forma:
la curiosidad los venció...
no supieron de los quehaceres del tiempo,
el mundo desapareció
y se hallaban tan solitos:
que se notó un sólo cuerpo
donde hubo siempre dos.
El espejo de la cómoda
de frente a la situación:
tuvo fiebre, sintió frío
y sudó al ver lo que vió.
Testigo el lecho fue nunca
de tanto deseo y tanta
pasión en el mismo acto,
ni vió dos cuerpos danzando:
en cadencia tan extraña y tan
brusca, sublime, sutil.
Los espasmos aumentaron...
los suspiros y gemidos
brotaron sin avisar...
el suelo sintieron abrirse,
luego volverse a cerrar...
y hasta el cielo fueron y bajaron
sin moverse de lugar.
la alcoba se achicaba al movimiento...
dejaba de extenso ser el aposento,
y el aire tampoco alcanzaba para dos.
Él, que la estudiaba desde dentro...
Ella, que hasta los frenos perdió...
hallaban del amor la forma:
la curiosidad los venció...
no supieron de los quehaceres del tiempo,
el mundo desapareció
y se hallaban tan solitos:
que se notó un sólo cuerpo
donde hubo siempre dos.
El espejo de la cómoda
de frente a la situación:
tuvo fiebre, sintió frío
y sudó al ver lo que vió.
Testigo el lecho fue nunca
de tanto deseo y tanta
pasión en el mismo acto,
ni vió dos cuerpos danzando:
en cadencia tan extraña y tan
brusca, sublime, sutil.
Los espasmos aumentaron...
los suspiros y gemidos
brotaron sin avisar...
el suelo sintieron abrirse,
luego volverse a cerrar...
y hasta el cielo fueron y bajaron
sin moverse de lugar.