Enrique Romero
Poeta recién llegado
En tus manos soy una cáscara yerta.
Subo a tus ojos como luz blanca y fría;
alba que destruyes con tus nuevos días.
Soy solo la esperanza acabada del alma
Roída por la pena, y ahora qué queda:
copas vacías de un festejo funesto,
vestigios nostálgicos de la esencia
de un hombre despojado de su belleza.
Qué queda: lágrimas en un día de fiesta;
las calles vacías, una ciudad del recuerdo,
el sol radiante bajo la luna pálida.
Delirios nocivos que el corazón anhela;
cementerios llenos de retamas marchitas,
un dolor que quiere, y otro que olvida.
Subo a tus ojos como luz blanca y fría;
alba que destruyes con tus nuevos días.
Soy solo la esperanza acabada del alma
Roída por la pena, y ahora qué queda:
copas vacías de un festejo funesto,
vestigios nostálgicos de la esencia
de un hombre despojado de su belleza.
Qué queda: lágrimas en un día de fiesta;
las calles vacías, una ciudad del recuerdo,
el sol radiante bajo la luna pálida.
Delirios nocivos que el corazón anhela;
cementerios llenos de retamas marchitas,
un dolor que quiere, y otro que olvida.