AMANT
Poeta adicto al portal
¡Déjame sola!, ¡no te me acerques
esta tarde!, ¡no te aproximes a mí,
mostrando esas fauces tuyas
de agudos dientes, babeantes!
¡Vete por favor!, ¡de mí, ten compasión!,
que no ves que lloro ahora,
que no ves que rio al tiempo.
El amor me escuda,
con tu lóbrega daga,
no puedes herirme,
no puedes cortar
la fruta escarlata
que sé deseas devorar,
que te divierte lamer
luego de bañarla de sal...
¡Déjame monstruo inclemente!,
espectro etéreo
que, de cuando en vez, aparece.
Tu cruedad es infinita,
has venido a poseerme,
mas te advierto que no estoy sola,
él está conmigo
y lo estará siempre,
no se irá nunca,
a mi cuerpo, se aferra,
aunque esté a solas,
es mi trinchera,
aunque esté ausente...
aunque la lejanía nos separe...,
y todos se opongan.
Contra viento y marea, le amaré.
¡Déjame sola!,
tú que a veces me inspiras,
y luego pasas la factura.
Vida te dan la soledad
y el silencio,
que es eco
de este sentimiento.
¡Vete!, ¡aléjate de mí!, ¡de ella!,
tú que bebes lágrimas,
¡maldito monstruo indeseable!
Te combatiré hasta el final de mis días.
¡No te acerques a mi
ni a mi familia!,
si tú: melancolía,
sucumbe al oir la melodía de amor
que la cajita de mi corazón exhala,
o siquiera duerme,
tú que te llevas a la felicidad, tu amada,
en tus fuscas alas demoniacas,
pero ella retorna
pues jamás podrán estar juntos...
Ya has hecho mucho daño,
has desolado pueblos,
has inhalado, de a poco,
nuestras almas
cual cocaína
¡Vete, expira!
Te sepultaré en
fértil terreno,
y verteré sobre
tu cadáver yerto
sólo lágrimas de éxtasis
y cantaré de júbilo
al fin victoriosa,
entre poesía y pétalos de rosa,
luego de besar sus labios
y dormir y despertar a su lado,
de asesinarte.
esta tarde!, ¡no te aproximes a mí,
mostrando esas fauces tuyas
de agudos dientes, babeantes!
¡Vete por favor!, ¡de mí, ten compasión!,
que no ves que lloro ahora,
que no ves que rio al tiempo.
El amor me escuda,
con tu lóbrega daga,
no puedes herirme,
no puedes cortar
la fruta escarlata
que sé deseas devorar,
que te divierte lamer
luego de bañarla de sal...
¡Déjame monstruo inclemente!,
espectro etéreo
que, de cuando en vez, aparece.
Tu cruedad es infinita,
has venido a poseerme,
mas te advierto que no estoy sola,
él está conmigo
y lo estará siempre,
no se irá nunca,
a mi cuerpo, se aferra,
aunque esté a solas,
es mi trinchera,
aunque esté ausente...
aunque la lejanía nos separe...,
y todos se opongan.
Contra viento y marea, le amaré.
¡Déjame sola!,
tú que a veces me inspiras,
y luego pasas la factura.
Vida te dan la soledad
y el silencio,
que es eco
de este sentimiento.
¡Vete!, ¡aléjate de mí!, ¡de ella!,
tú que bebes lágrimas,
¡maldito monstruo indeseable!
Te combatiré hasta el final de mis días.
¡No te acerques a mi
ni a mi familia!,
si tú: melancolía,
sucumbe al oir la melodía de amor
que la cajita de mi corazón exhala,
o siquiera duerme,
tú que te llevas a la felicidad, tu amada,
en tus fuscas alas demoniacas,
pero ella retorna
pues jamás podrán estar juntos...
Ya has hecho mucho daño,
has desolado pueblos,
has inhalado, de a poco,
nuestras almas
cual cocaína
¡Vete, expira!
Te sepultaré en
fértil terreno,
y verteré sobre
tu cadáver yerto
sólo lágrimas de éxtasis
y cantaré de júbilo
al fin victoriosa,
entre poesía y pétalos de rosa,
luego de besar sus labios
y dormir y despertar a su lado,
de asesinarte.
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:: pero bueno cada quien sabe que hacer con ella