Anave
Poeta asiduo al portal
El fue un puente para mi abismo.
Un extraño encuentro en mi camino.
Tenía el alma clara como un lago
y se le salía de los ojos como lluvia.
El era un hombre extraño y silencioso;
su corazón sonreía por sus labios
y por eso su sonrisa era hermosa.
Su espíritu milenario
parecía haber estado allí siempre.
Y sin embargo le hacía falta algo...
El me miró y fue bastante.
Me vió como a un paisaje:
con toda su alma
y dejó que yo lo viera desde dentro.
En el caos de mi mundo,
con sus miles de pequeñas
y superfluas cosas,
del centro de sus angustias,
de sus pasiones,
de su ir y venir ensordecedor,
surgió con su andar pausado y tranquilo,
como una sombra más
que se hizo luz en la noche de mi corazón.
El era una canción,
una canción un tanto triste
para cantarla sonriendo.
Una canción de amor y gloria
con dejos de melancolía.
El fue un adiós.
Se estaba yendo antes de haber llegado
porque no era mío.
Fue una ráfaga de viento
que me barrió la angustia
y se perdió por el sendero
dejando amagos de recuerdo en mi alma.
Dejó escrito en mis sueños
a ojos cerrados, su belleza.
Y hoy, que del día ya muerto
no hay más que sombras,
en la noche más oscura de mi alma,
quiero escribir de alboradas...
Los ojos que abarcan más lejos
no yacen en cuencas..
Allá en mi pensamiento persiste...él
y le contemplo...
¿Qué podría decirle?
¿Qué, a un alma como la suya?
¡Clara y total como una estrella!
Y callo...
¡Nunca ha sido el silencio más silente!
Su vida se ha quedado perdida en la distancia,
buscando un cielo...: ¡su propio cielo!
con su llorar sonriente.
Yo... avanzaré hacia la mía...
Sin mirar atrás.
Un extraño encuentro en mi camino.
Tenía el alma clara como un lago
y se le salía de los ojos como lluvia.
El era un hombre extraño y silencioso;
su corazón sonreía por sus labios
y por eso su sonrisa era hermosa.
Su espíritu milenario
parecía haber estado allí siempre.
Y sin embargo le hacía falta algo...
El me miró y fue bastante.
Me vió como a un paisaje:
con toda su alma
y dejó que yo lo viera desde dentro.
En el caos de mi mundo,
con sus miles de pequeñas
y superfluas cosas,
del centro de sus angustias,
de sus pasiones,
de su ir y venir ensordecedor,
surgió con su andar pausado y tranquilo,
como una sombra más
que se hizo luz en la noche de mi corazón.
El era una canción,
una canción un tanto triste
para cantarla sonriendo.
Una canción de amor y gloria
con dejos de melancolía.
El fue un adiós.
Se estaba yendo antes de haber llegado
porque no era mío.
Fue una ráfaga de viento
que me barrió la angustia
y se perdió por el sendero
dejando amagos de recuerdo en mi alma.
Dejó escrito en mis sueños
a ojos cerrados, su belleza.
Y hoy, que del día ya muerto
no hay más que sombras,
en la noche más oscura de mi alma,
quiero escribir de alboradas...
Los ojos que abarcan más lejos
no yacen en cuencas..
Allá en mi pensamiento persiste...él
y le contemplo...
¿Qué podría decirle?
¿Qué, a un alma como la suya?
¡Clara y total como una estrella!
Y callo...
¡Nunca ha sido el silencio más silente!
Su vida se ha quedado perdida en la distancia,
buscando un cielo...: ¡su propio cielo!
con su llorar sonriente.
Yo... avanzaré hacia la mía...
Sin mirar atrás.