luz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hoy inesperadamente te encontré de nuevo en mis sueños. Te veo ahí de pie frente a mi, invitándome a recorrer de nuevo la tristeza de una historia inútil, recordándome cómo te apoderaste alevosamente de mi alma solo para desdeñarla con algún pretexto absurdo.
¿Que quieres de mi? ¿Sangre? ¿Vida? ¿Amor? ¿Dolor? ¿Más padecimiento?
Tomaste lo que quisiste y desechaste el resto sin miramientos. ¿Que no te das cuenta que cuando más quieres herirme más te dañas?
Tomaste tu alternativa y me condenaste a la oscuridad al privarme de esos ojos tuyos que eran para mi como la luz de las estrellas, de esos ojos que amé profundamente al verlos rebosados de lágrimas y que ame aún más cuando los vi brillar con su luz secreta.
Me condenaste al silencio al privarme de tu risa sin sonrisa y de tu voz escandalosa; me condenaste a la tristeza al abandonar mi vida y me condenaste a la nostalgia eterna al dejarme tan solo recuerdos.
Así que te pregunto: ¿Con qué derecho vienes nuevamente?
¿Qué derecho creer tener para aparecerte nuevamente?
¿No te das cuenta que no inquietas ni mis pensamientos?
¿Te crees en derecho de filtrarte por las paredes y aparecer de repente?
Si así lo crees, no me deja más alternativa que recordar la historia completa, y entonces encuentro la respuesta de siempre; eres solo un fantasma.
Y desde mi serenidad, la que supe conseguir.
Ahora soy yo la que logré alejarte.
Noviembre 2005
¿Que quieres de mi? ¿Sangre? ¿Vida? ¿Amor? ¿Dolor? ¿Más padecimiento?
Tomaste lo que quisiste y desechaste el resto sin miramientos. ¿Que no te das cuenta que cuando más quieres herirme más te dañas?
Tomaste tu alternativa y me condenaste a la oscuridad al privarme de esos ojos tuyos que eran para mi como la luz de las estrellas, de esos ojos que amé profundamente al verlos rebosados de lágrimas y que ame aún más cuando los vi brillar con su luz secreta.
Me condenaste al silencio al privarme de tu risa sin sonrisa y de tu voz escandalosa; me condenaste a la tristeza al abandonar mi vida y me condenaste a la nostalgia eterna al dejarme tan solo recuerdos.
Así que te pregunto: ¿Con qué derecho vienes nuevamente?
¿Qué derecho creer tener para aparecerte nuevamente?
¿No te das cuenta que no inquietas ni mis pensamientos?
¿Te crees en derecho de filtrarte por las paredes y aparecer de repente?
Si así lo crees, no me deja más alternativa que recordar la historia completa, y entonces encuentro la respuesta de siempre; eres solo un fantasma.
Y desde mi serenidad, la que supe conseguir.
Ahora soy yo la que logré alejarte.
Noviembre 2005