Darkshade
Poeta adicto al portal
Vomito los cadáveres de alcohol y tabique
que aún me oprimen el estómago;
soy el péndulo que se mece
entre una vieja habitación y su cuarto de baño.
La vida me ha dado una fuerte patada en el culo:
entre tu muerte y mi jornada
ya no sonrío.
Soy un maldito oso sin pelaje
que evita el frío desde la madriguera:
lentes de sol,
porque no soporto ya ni el reflejo que traspasa la ventana;
una sábana que me cubre hasta las lágrimas,
pues el invierno lo llevo clavado en los huesos.
No hay café, ni ducha, ni pareja, ni amigo, ni cigarro
que me calme:
¡estoy sobrada de vacío!
Me arde el futuro,
del mismo modo que el pasado me escuece
y que no olvido: ¡Nietzsche también ha muerto!
Y sus palabras,
y toda esa inservible filosofía
marrón o azul, circular o fluida,
es menos que nada.
¡No me sirven las novelas!
¡No me sirven los poemas!
¡No me sirve la crítica, ni el llanto, ni el canto!
¡Y golpeo las paredes y mi ira no se calla!
Porque no hay ira, ni amor, ni olvido.
¿Y qué pasa si no quiero salir del puto agujero que me dejó tu silencio?
Una cosa es que te hayas suicidado,
y otra que no te tomaras el tiempo para decirme: “adiós”.
Dedicado
a lo que me resta en la memoria
sobre mi padre.
que aún me oprimen el estómago;
soy el péndulo que se mece
entre una vieja habitación y su cuarto de baño.
La vida me ha dado una fuerte patada en el culo:
entre tu muerte y mi jornada
ya no sonrío.
Soy un maldito oso sin pelaje
que evita el frío desde la madriguera:
lentes de sol,
porque no soporto ya ni el reflejo que traspasa la ventana;
una sábana que me cubre hasta las lágrimas,
pues el invierno lo llevo clavado en los huesos.
No hay café, ni ducha, ni pareja, ni amigo, ni cigarro
que me calme:
¡estoy sobrada de vacío!
Me arde el futuro,
del mismo modo que el pasado me escuece
y que no olvido: ¡Nietzsche también ha muerto!
Y sus palabras,
y toda esa inservible filosofía
marrón o azul, circular o fluida,
es menos que nada.
¡No me sirven las novelas!
¡No me sirven los poemas!
¡No me sirve la crítica, ni el llanto, ni el canto!
¡Y golpeo las paredes y mi ira no se calla!
Porque no hay ira, ni amor, ni olvido.
¿Y qué pasa si no quiero salir del puto agujero que me dejó tu silencio?
Una cosa es que te hayas suicidado,
y otra que no te tomaras el tiempo para decirme: “adiós”.
Dedicado
a lo que me resta en la memoria
sobre mi padre.
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