Hace tiempo vivo por ella. Reímos, jugamos juntos, la abrazo, la llena de sutiles carantoñas, olvidando los sollozos causados por la miserable vida que me trae la existencia. Compartimos tanto que muchas veces pienso que somos tal para cual, tanto como si algo nos hubiese arrebatado nuestro acompañamiento al nacer. Como si ya conociese tu olor, tus gustos. Te conozco tan bien como si mis ojos pudiesen ver tu alma. Incluso nos hemos casado, formado una familia, solo que no lo sabes. Simplemente en mi silencio me conformo con observarte, apreciar cada una de tus cualidades, pensando en lo que puede ser si tan solo pierdo la cobardía y decido acercarme, intercambiar palabras, ser sincero con mis sentimientos y expresarte que te he amado durante mucho tiempo. Pues, sin darme cuenta, desarrollé una dependencia hacia ti. Necesito verte para poder estar bien, con solo una sonrisa tuya alegras mis días y si te veo mal, me vuelvo en el molino errante de la ciudad. Siento que te conozco más a ti que a mí mismo. Pero, ¿cómo pudiese romper esa tonta barrera de silencio entre los dos? Pues alguien más ya ilumina tus días. Yo lo puro de tu alma con cada momento compartido, cada caricia, cada apego. Todo lo que alguna vez soñé contigo, él me lo robó. Y yo que me tengo que conformar con el trago amargo que significa eso, ver que alguien más te da la vida que yo soñé darte, hace que la mía pierda sentido. Y solo queda pensar en lo que pudo haber sido.