danimub
Poeta fiel al portal
La vi radiante cruzando la plaza San Martin
reinaba ente las palomas frente a la fuente de mármol
yo estaba en la escalinata de la vieja catedral
sobre la gris peatonal dejo su estela dorada;
pasó por el corredor de los arcos del cabildo
yo la seguía escondido, los faroles me ocultaban.
Dobló la esquina, su pelo la escoltaba con su brillo
y se perdió entre el gentío del Paseo de las flores
caminé resignado hasta la tosca avenida
a esperar el colectivo que llevaba a mi morada;
grata sorpresa aguardaba pues en la fila la vi
siempre delante de mí, sobre la misma parada.
¡Hay! pensé si pudiera, viajar en la misma línea
me sentaría a su lado y la miraría a los ojos
le preguntaría si es real, o es otro ángel de aquellos
que por la calle andan sueltos, custodiando mi sendero;
subimos juntos y un viejo le cedió un asiento roto
y me empujaron al fondo, como un castigo del tiempo.
Me senté cómodo atrás pero ella estaba tan lejos
que la busqué en los espejos, levantando la mirada
pasamos la terminal pero no era su destino
también por el hospital, y ella aun no se movía;
al doblar en la otra calle se incorporó suavemente
supe que descendía justo en mi misma esquina.
La dejé bajar primero y después de otra señora
recién pise el negro asfalto de las calles de mi barrio
esperé detrás de un árbol para indagar su destino
la vi emprender mi camino, esperé que se desvíe;
pensé que acaso el cansancio de un día lleno de cosas
me jugaba alguna broma de esas que nadie se ríe.
Porque llegando a mi puerta la hallé buscando unas llaves
me congelé contemplando que a mi hogar ella ingresaba
me quedé petrificado viendo la puerta entre abierta;
reaccione aletargado, con temor entre a la casa
la busqué en el comedor en el patio y la cocina
subí a la alcoba deprisa, sin saber lo que pasaba.
La encontré sobre mi cama recostada y sin sandalias
dormitando como un cisne suspendido sobre un lago
me sentí tan confundido, pensé en decir tantas cosas,
tal vez ella era mi esposa, o la casa no era mía;
decidí besar su frente y la tapé con la sabana
la deje que descansara, había sido un largo día.
http://poemasforasteros.blogspot.com.ar/
reinaba ente las palomas frente a la fuente de mármol
yo estaba en la escalinata de la vieja catedral
sobre la gris peatonal dejo su estela dorada;
pasó por el corredor de los arcos del cabildo
yo la seguía escondido, los faroles me ocultaban.
Dobló la esquina, su pelo la escoltaba con su brillo
y se perdió entre el gentío del Paseo de las flores
caminé resignado hasta la tosca avenida
a esperar el colectivo que llevaba a mi morada;
grata sorpresa aguardaba pues en la fila la vi
siempre delante de mí, sobre la misma parada.
¡Hay! pensé si pudiera, viajar en la misma línea
me sentaría a su lado y la miraría a los ojos
le preguntaría si es real, o es otro ángel de aquellos
que por la calle andan sueltos, custodiando mi sendero;
subimos juntos y un viejo le cedió un asiento roto
y me empujaron al fondo, como un castigo del tiempo.
Me senté cómodo atrás pero ella estaba tan lejos
que la busqué en los espejos, levantando la mirada
pasamos la terminal pero no era su destino
también por el hospital, y ella aun no se movía;
al doblar en la otra calle se incorporó suavemente
supe que descendía justo en mi misma esquina.
La dejé bajar primero y después de otra señora
recién pise el negro asfalto de las calles de mi barrio
esperé detrás de un árbol para indagar su destino
la vi emprender mi camino, esperé que se desvíe;
pensé que acaso el cansancio de un día lleno de cosas
me jugaba alguna broma de esas que nadie se ríe.
Porque llegando a mi puerta la hallé buscando unas llaves
me congelé contemplando que a mi hogar ella ingresaba
me quedé petrificado viendo la puerta entre abierta;
reaccione aletargado, con temor entre a la casa
la busqué en el comedor en el patio y la cocina
subí a la alcoba deprisa, sin saber lo que pasaba.
La encontré sobre mi cama recostada y sin sandalias
dormitando como un cisne suspendido sobre un lago
me sentí tan confundido, pensé en decir tantas cosas,
tal vez ella era mi esposa, o la casa no era mía;
decidí besar su frente y la tapé con la sabana
la deje que descansara, había sido un largo día.
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