lamuralla
Poeta fiel al portal
Nadie. Nadie sabrá nunca quién eres.
Mi boca y mi alma formarán una venda,
envolviéndome en ella hasta la muerte.
Sin estar, siempre estarás presente
en la palabra AMOR de todos los poemas,
aunque vuelen los años callados e inertes.
Tal vez, algún día, con el pasar del tiempo
abras el libro del que eres protagonista;
cayendo de entre sus hojas las rosas marchitas
que marcaban las estrofas de los lamentos.
Quizá, no recuerdes el sabor de mis besos,
a lo mejor, siquiera, cual era mi nombre,
pero al limpiar las tapas verás mi firma al borde;
trayendo a tu mente un puñado de recuerdos.
Y al sentir que aún late mi piel en cada hoja,
querrás leer de nuevo aquellos versos
que recogían en cada línea, cada beso
que mi pluma tejió para tu boca.
Y en cada frase que tu nombre evoca,
escondido tras la pausa de un TE QUIERO,
aún hallarás en el principio un deseo
y en el final la pasión que lo desborda.
Y la alborada en su registro, decorosa,
hará nacer en el cielo aquellas huellas,
que en tus sienes plateadas como estrellas,
bajo tu piel guardabas silenciosas.
Y en el acabar de la última estrofa,
sentirás en el último verso, presa
mi voz que, aún queriendo volar con las promesas,
quedó atrapada en los estambres de las rosas.

Mi boca y mi alma formarán una venda,
envolviéndome en ella hasta la muerte.
Sin estar, siempre estarás presente
en la palabra AMOR de todos los poemas,
aunque vuelen los años callados e inertes.
Tal vez, algún día, con el pasar del tiempo
abras el libro del que eres protagonista;
cayendo de entre sus hojas las rosas marchitas
que marcaban las estrofas de los lamentos.
Quizá, no recuerdes el sabor de mis besos,
a lo mejor, siquiera, cual era mi nombre,
pero al limpiar las tapas verás mi firma al borde;
trayendo a tu mente un puñado de recuerdos.
Y al sentir que aún late mi piel en cada hoja,
querrás leer de nuevo aquellos versos
que recogían en cada línea, cada beso
que mi pluma tejió para tu boca.
Y en cada frase que tu nombre evoca,
escondido tras la pausa de un TE QUIERO,
aún hallarás en el principio un deseo
y en el final la pasión que lo desborda.
Y la alborada en su registro, decorosa,
hará nacer en el cielo aquellas huellas,
que en tus sienes plateadas como estrellas,
bajo tu piel guardabas silenciosas.
Y en el acabar de la última estrofa,
sentirás en el último verso, presa
mi voz que, aún queriendo volar con las promesas,
quedó atrapada en los estambres de las rosas.
