UN LUGAR LLAMADO UCI
Ausencia de los pulsos
los centros vacíos amenanzan
a las sonoras liras
Gira la balanza en alocado trasnoche
El licor se me evapora entre las venas rotas
La ciudad se desvanece en el ácido soñar
Letras o impulsos todo es poema
Música acibarada que resuena en los espejos
mientras bailarinas de azabache
-o violentos escarabajos-
trazan elipses rojizas
sobre el plano verdinegro de los pensamientos obscenos.
Es la magia como vorágine del abismo eterno
Pensamientos construídos sobre nadas de cemento
pequeñas mariposillas abrasadas en su amor
por la lámpara incandescente
como aquella mujer que tal vez me quiso
Vestidos de caracolas caracolean en el armario ropero
La noche viste de gala a los mendigos del puerto
magníficos ejemplares de ángeles desharrapados
Mientras yo navego ignorando que mi futuro es perverso
Las nubes del atardecer anclan sus rojos y cárdenos
en las vías del tranvía que nunca llegará a caballo
Sobre mi mesita de mármol yace el espíritu
de la última amapola que quise como regalo
También junto a él la fotografía invisible de su destinatario
otro amor lamentable del deseado equinodermo
Suenan las horas fatales en el viejo disco de jazz
¿Quien ha cambiado el ritmo?
¿quien ha vaciado la sonoridad del tambor?
¿qué extraño arcoiris amanece sin llover
en mi alto vaso de flores?
Quizás quisiera escribir mis últimas voluntades
en las delicadas páginas de la aurora
esas como pétalos de rosa adormecida
que no admiten corrección ni comentario
La vida.
Esa rígida piedra pómez tan permeable al encanto
Gotas de agua de lluvia escriben sobre el cristal de la ventana
con ángulos recurrentes que ignoran la simetría
Yo dormito enfebrecido y no puedo descifrar
ese mensaje que hacia algún sitio me convoca.
Sea la luz
Sea el arte tembloroso de las madrugadas vacías
(pero el enfermero ha cambiado de turno...)
Ilustr.: Salvador Dalí. “Fuente de leche que fluye inutilmente sobre tres zapatos”.
Ausencia de los pulsos
los centros vacíos amenanzan
a las sonoras liras
Gira la balanza en alocado trasnoche
El licor se me evapora entre las venas rotas
La ciudad se desvanece en el ácido soñar
Letras o impulsos todo es poema
Música acibarada que resuena en los espejos
mientras bailarinas de azabache
-o violentos escarabajos-
trazan elipses rojizas
sobre el plano verdinegro de los pensamientos obscenos.
Es la magia como vorágine del abismo eterno
Pensamientos construídos sobre nadas de cemento
pequeñas mariposillas abrasadas en su amor
por la lámpara incandescente
como aquella mujer que tal vez me quiso
Vestidos de caracolas caracolean en el armario ropero
La noche viste de gala a los mendigos del puerto
magníficos ejemplares de ángeles desharrapados
Mientras yo navego ignorando que mi futuro es perverso
Las nubes del atardecer anclan sus rojos y cárdenos
en las vías del tranvía que nunca llegará a caballo
Sobre mi mesita de mármol yace el espíritu
de la última amapola que quise como regalo
También junto a él la fotografía invisible de su destinatario
otro amor lamentable del deseado equinodermo
Suenan las horas fatales en el viejo disco de jazz
¿Quien ha cambiado el ritmo?
¿quien ha vaciado la sonoridad del tambor?
¿qué extraño arcoiris amanece sin llover
en mi alto vaso de flores?
Quizás quisiera escribir mis últimas voluntades
en las delicadas páginas de la aurora
esas como pétalos de rosa adormecida
que no admiten corrección ni comentario
La vida.
Esa rígida piedra pómez tan permeable al encanto
Gotas de agua de lluvia escriben sobre el cristal de la ventana
con ángulos recurrentes que ignoran la simetría
Yo dormito enfebrecido y no puedo descifrar
ese mensaje que hacia algún sitio me convoca.
Sea la luz
Sea el arte tembloroso de las madrugadas vacías
(pero el enfermero ha cambiado de turno...)
Ilustr.: Salvador Dalí. “Fuente de leche que fluye inutilmente sobre tres zapatos”.
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