Malena Marquez
Poeta veterana en el Portal
El dolor se hace carne en la piel de mi poesía
y sangra estas letras.
¿Quién comanda este mundo
que sigue respirando cuando se pierde
la vida de un niño en un suspiro,
por la estupidez nuestra?
Me pierdo en la pequeñez de los puntos y
las comas y en un laberinto sin salida
me quedo muda.
Y miro a los ojos a mis hijos
y les explico las noticias
que exhala la televisión:
muere un niño de hambre hoy
en este país y en otro país lejano,
a un niño ayer lo hieren de odio
y cae rendido a los pies
de una guerra sin sentido.
Y se me caen las palabras de la boca,
me tropiezo con ellas y me quedo
en el desierto de un silencio, sin fe.
Y él, que tiene apenas nueve,
él que es apenas un recien llegado
me extiende su palabra como un puente
hacia el otro lado, cuando me dice:
el niño ahora está en un lugar mejor.
Y allí me detengo, en ese rincón donde no
hay guerras, ni hambre, ni discriminación
sólo el amor que brota en un corazón
que late bajo la piel de un niño que amo.
y sangra estas letras.
¿Quién comanda este mundo
que sigue respirando cuando se pierde
la vida de un niño en un suspiro,
por la estupidez nuestra?
Me pierdo en la pequeñez de los puntos y
las comas y en un laberinto sin salida
me quedo muda.
Y miro a los ojos a mis hijos
y les explico las noticias
que exhala la televisión:
muere un niño de hambre hoy
en este país y en otro país lejano,
a un niño ayer lo hieren de odio
y cae rendido a los pies
de una guerra sin sentido.
Y se me caen las palabras de la boca,
me tropiezo con ellas y me quedo
en el desierto de un silencio, sin fe.
Y él, que tiene apenas nueve,
él que es apenas un recien llegado
me extiende su palabra como un puente
hacia el otro lado, cuando me dice:
el niño ahora está en un lugar mejor.
Y allí me detengo, en ese rincón donde no
hay guerras, ni hambre, ni discriminación
sólo el amor que brota en un corazón
que late bajo la piel de un niño que amo.
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