Luis Adolfo
Poeta que considera el portal su segunda casa
Anoche
un sueño extraño
se coló en mi habitación.
El sol era azul.
La nieve era azul.
La luna era azul.
Y yo era azul.
Y tú eras azul.
Y él era azul.
Todo era azul.
Rajoy era azul.
Iglesias azul,
Rivera era azul,
y Sánchez azul;
el Papa era azul,
Maduro azul,
y Putin azul,
y Trump era azul,
y todo era azul.
¿Qué puedo hacer yo?
No quiero ser blue.
Me puse a correr;
corrí y corrí
hasta perder el azul.
Ahora era gris,
y todo era gris.
Rajoy era gris,
Iglesias muy gris,
Rivera muy gris
y Sánchez muy gris.
el Papa era gris,
y Putin muy gris,
Maduro muy gris,
y Trump supergris,
y todo era gris.
¿Qué puedo hacer yo?
(No quiero ser gris).
Me puse a correr,
corrí y corrí,
hasta dejar de ser gris.
Por fin desperté.
¡Y todo era azul!
Pero esta vez no corrí;
me estremecí
y me encomendé al Hacedor
en la esperanza de al fin despertar,
y que todo dejara de ser de un único color.
un sueño extraño
se coló en mi habitación.
El sol era azul.
La nieve era azul.
La luna era azul.
Y yo era azul.
Y tú eras azul.
Y él era azul.
Todo era azul.
Rajoy era azul.
Iglesias azul,
Rivera era azul,
y Sánchez azul;
el Papa era azul,
Maduro azul,
y Putin azul,
y Trump era azul,
y todo era azul.
¿Qué puedo hacer yo?
No quiero ser blue.
Me puse a correr;
corrí y corrí
hasta perder el azul.
Ahora era gris,
y todo era gris.
Rajoy era gris,
Iglesias muy gris,
Rivera muy gris
y Sánchez muy gris.
el Papa era gris,
y Putin muy gris,
Maduro muy gris,
y Trump supergris,
y todo era gris.
¿Qué puedo hacer yo?
(No quiero ser gris).
Me puse a correr,
corrí y corrí,
hasta dejar de ser gris.
Por fin desperté.
¡Y todo era azul!
Pero esta vez no corrí;
me estremecí
y me encomendé al Hacedor
en la esperanza de al fin despertar,
y que todo dejara de ser de un único color.