Ernst Nietzsche
Poeta recién llegado
Todas las noches sopla el viento un nombre. Ese nombre escondido en todo y en nada es todo para mí. El principio y el fin, todo el amor del mundo y la misericordia que me puede salvar o hundir en el fondo del infierno.
Es el nombre de toda felicidad en mi mundo y que está escrito en tantas páginas de la vida. Una vida que es como una cazadora diestra que bajo del cielo y echó mano de todo cuanto hay en mi alma mortal.
Rio pues yo, el que tiene la voluntad y determinación, no puedo contra tal labor divina. La mirada del águila no me libra del éxtasis de lo sagrado y puro de aquel nombre que todas las noches se refleja en el agua y es que está escrito en la luna.
En esas noche es que se eleva el aullido al cielo con intención que que aquel nombre lo escuche y sepa que toda aquella devoción es resultado de una fe virulenta en un alma infectada que muere un poco cada vez que el nombre es mencionado.
Sabio sería si pudiera pronunciar la verdad de aquellas letras que plasmadas esta noches en papel quedan escondidas ante os ojos de quien no sabe ver lo obvio. Todo el conocimiento del dualismo cambiaría yo por poder saber la respuesta a la pregunta que me hago cada crepúsculo, ¿Qué debo hacer Dios mío para llegar a conocer la felicidad?
Ayer creía que mi alma estaba curada de aquella esperanza que en la cama escribía una oración; plegaria que clama un nombre con pasión y melancolía a cada verso y que concluye con un grito que llega hasta los querubines que suspenden su alabanza al escuchar la mía. Que Dios te salve, y que seas llena de gracia.
Es el nombre de toda felicidad en mi mundo y que está escrito en tantas páginas de la vida. Una vida que es como una cazadora diestra que bajo del cielo y echó mano de todo cuanto hay en mi alma mortal.
Rio pues yo, el que tiene la voluntad y determinación, no puedo contra tal labor divina. La mirada del águila no me libra del éxtasis de lo sagrado y puro de aquel nombre que todas las noches se refleja en el agua y es que está escrito en la luna.
En esas noche es que se eleva el aullido al cielo con intención que que aquel nombre lo escuche y sepa que toda aquella devoción es resultado de una fe virulenta en un alma infectada que muere un poco cada vez que el nombre es mencionado.
Sabio sería si pudiera pronunciar la verdad de aquellas letras que plasmadas esta noches en papel quedan escondidas ante os ojos de quien no sabe ver lo obvio. Todo el conocimiento del dualismo cambiaría yo por poder saber la respuesta a la pregunta que me hago cada crepúsculo, ¿Qué debo hacer Dios mío para llegar a conocer la felicidad?
Ayer creía que mi alma estaba curada de aquella esperanza que en la cama escribía una oración; plegaria que clama un nombre con pasión y melancolía a cada verso y que concluye con un grito que llega hasta los querubines que suspenden su alabanza al escuchar la mía. Que Dios te salve, y que seas llena de gracia.
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