jonathan Aquije
Poeta recién llegado
Y así fue que continué con este estado
que cada vez con el tiempo había aumentado,
hasta que, en un determinado momento,
una mujer apareció en mi vida
calando hondo en mi pensamiento.
En un principio, demasiada importancia no le presté
y, por tanto, ante su presencia en nada me inmuté
ya que, para mí, ella era como una desconocida,
asi como yo, para ella, no formaba parte de su vida.
Pero conforme fue pasando el tiempo,
una amistad entre nosotros fue creciendo
a tal punto que un aprecio entre nosotros fue existiendo
e, incluso, un cariño profundo fue floreciendo.
Posteriormente, esta amistad comenzó a exigir muchos detalles
y, ante ello, decidí decirle algunas preciadas frases:
¡Es mucho el orgullo que por ti tengo!
Y ¡No me arrepiento de la amistad que entre nosotros tenemos!
Es más, recuerdo que un domingo en la noche
me tomé el valor de decirle todo lo que ella en mí hace:
¡He encontrado con usted una amistad tan valiosa
que para conservarla yo haría cualquier cosa!
y ¡Si dicen que lo más importante es lo mas valioso,
ahora entiendo que encontrar un amigo es un tesoro precioso!
Ella, entre tantas e innumerables risas
me decía que esas palabras le satisfacía
y que lo que le transmitía
para levantar en mucho sus ánimos serviría.
Yo por mi parte me sentía muy contento
porque le había alegrado la vida por un momento
y, mientras me alejaba de ella,
yo rogaba a Dios que se repitiera de nuevo
y cada vez que se lo diga,
sea un momento eterno.
Dado en Lima, Perú, el 26 de marzo del 2007
Jonathan Aquije.
que cada vez con el tiempo había aumentado,
hasta que, en un determinado momento,
una mujer apareció en mi vida
calando hondo en mi pensamiento.
En un principio, demasiada importancia no le presté
y, por tanto, ante su presencia en nada me inmuté
ya que, para mí, ella era como una desconocida,
asi como yo, para ella, no formaba parte de su vida.
Pero conforme fue pasando el tiempo,
una amistad entre nosotros fue creciendo
a tal punto que un aprecio entre nosotros fue existiendo
e, incluso, un cariño profundo fue floreciendo.
Posteriormente, esta amistad comenzó a exigir muchos detalles
y, ante ello, decidí decirle algunas preciadas frases:
¡Es mucho el orgullo que por ti tengo!
Y ¡No me arrepiento de la amistad que entre nosotros tenemos!
Es más, recuerdo que un domingo en la noche
me tomé el valor de decirle todo lo que ella en mí hace:
¡He encontrado con usted una amistad tan valiosa
que para conservarla yo haría cualquier cosa!
y ¡Si dicen que lo más importante es lo mas valioso,
ahora entiendo que encontrar un amigo es un tesoro precioso!
Ella, entre tantas e innumerables risas
me decía que esas palabras le satisfacía
y que lo que le transmitía
para levantar en mucho sus ánimos serviría.
Yo por mi parte me sentía muy contento
porque le había alegrado la vida por un momento
y, mientras me alejaba de ella,
yo rogaba a Dios que se repitiera de nuevo
y cada vez que se lo diga,
sea un momento eterno.
Dado en Lima, Perú, el 26 de marzo del 2007
Jonathan Aquije.