jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
cuando tenia 15 años, ella soñaba que al crecer
conocería a un tipo educado, sensible, y romantico,
que la enamoraría contándole bellas historias de amor
y se la llevaría consigo a un mágico país encantado
donde les bastaría con pasarse las horas contemplándose
tiernamente a los ojos para ser felices por siempre jamás
cuando tenía 25 años, ella soñaba que pronto llegaría
a su vida ese perfecto caballero que ya se estaba tardando en aparecer,
y la enamoraría regalándole un ramo de rosas rojas,
y ella entonces subiría a su bmw descapotable y él arrancaría
rumbo al atardecer por la autopista mexico-acapulco a 200 km/h,
y en acapulco les bastaría pasarse las horas tomando martinis en la playa
para ser felices por siempre jamás y su puta madre en tanga brasileña
cuando tenía 35, ella pensaba que aún no era demasiado tarde
para que las campanitas del amor se pusieran de una puta vez a repiquetear alegremente
cuando el cuarentón alcohólico divorciado que vivía
en el departamente al lado del suyo se animara por fin a dar el paso
de abordarla una de tantas veces al cruzarse en el rellano
y la invitara quizás a cenar, o al cine a ver una película
-pero que no fuera una porno porque ella lo rechazaría horrorizada-
y después de la película tal vez le regalara un osito de peluche
y le propusiera vivir juntos pero no mantener relaciones íntimas
porque él era poeta y por lo tanto era puto
cuando tenía 45, y era ya una solterona amargada irredimible
ella leyó en pornotube un anuncio de consoladores termineitor
y mandó un cheque por 150 dólares a la dirección que aparecía en la página
ahora que ronda los 50, ella lleva ya 5 años metiéndose
cada noche durante dos o tres horas bien adentro en su anhelante vagina
a su amiguito de plástico vibrando a 800 revoluciones por minuto
y entre orgasmo y orgasmo se lamenta por haber desperdiciado
los mejores años de su vida cometiendo el error que han cometido
la mayoría de las mujeres desde siempre y que siguen cometiendo
aún hoy día que presumen tanto de ser libres: el error de confundir
el sexo con los cuentos de hadas
conocería a un tipo educado, sensible, y romantico,
que la enamoraría contándole bellas historias de amor
y se la llevaría consigo a un mágico país encantado
donde les bastaría con pasarse las horas contemplándose
tiernamente a los ojos para ser felices por siempre jamás
cuando tenía 25 años, ella soñaba que pronto llegaría
a su vida ese perfecto caballero que ya se estaba tardando en aparecer,
y la enamoraría regalándole un ramo de rosas rojas,
y ella entonces subiría a su bmw descapotable y él arrancaría
rumbo al atardecer por la autopista mexico-acapulco a 200 km/h,
y en acapulco les bastaría pasarse las horas tomando martinis en la playa
para ser felices por siempre jamás y su puta madre en tanga brasileña
cuando tenía 35, ella pensaba que aún no era demasiado tarde
para que las campanitas del amor se pusieran de una puta vez a repiquetear alegremente
cuando el cuarentón alcohólico divorciado que vivía
en el departamente al lado del suyo se animara por fin a dar el paso
de abordarla una de tantas veces al cruzarse en el rellano
y la invitara quizás a cenar, o al cine a ver una película
-pero que no fuera una porno porque ella lo rechazaría horrorizada-
y después de la película tal vez le regalara un osito de peluche
y le propusiera vivir juntos pero no mantener relaciones íntimas
porque él era poeta y por lo tanto era puto
cuando tenía 45, y era ya una solterona amargada irredimible
ella leyó en pornotube un anuncio de consoladores termineitor
y mandó un cheque por 150 dólares a la dirección que aparecía en la página
ahora que ronda los 50, ella lleva ya 5 años metiéndose
cada noche durante dos o tres horas bien adentro en su anhelante vagina
a su amiguito de plástico vibrando a 800 revoluciones por minuto
y entre orgasmo y orgasmo se lamenta por haber desperdiciado
los mejores años de su vida cometiendo el error que han cometido
la mayoría de las mujeres desde siempre y que siguen cometiendo
aún hoy día que presumen tanto de ser libres: el error de confundir
el sexo con los cuentos de hadas
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