Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Pasa, mi vida, que se te descompone el cielo
en medio del tránsito,
y caes de todas partes
y solo tengo estas manos que pueden arreglar
un neumático, pero no saben armar un cuenco
para contenerte, desalinizada, o desalojar el mar
que hunde tu bicicleta
o lanzar charcos al aire para hacer pirotecnia
o palomas de la paz.
Estos ojos sin vocación de sombrilla
te saben calada hasta mis tuétanos
por lo que tienes de lluvia e inevitable,
pero no hay río que se moje cuando lo bañas,
y al rato tu humedad remonta el limo
y ya estás ondeando en los cúmulos
con boca tan escapada que puedo ocupar tu risa
y ocuparme de sonreír.
Pasa, mi amor, que te repliegas hasta donde no llego
cuando te vas a buscar a la niña que fuiste,
y quiero que la encuentres, que la abraces,
que le des mi dirección de entonces,
que allá tengamos todo el tiempo
para jamás envejecer,
para nunca hacernos pequeños.
Te marchas, pero dejas algo a tiro de piedra
para extrañarte: yo.
Y soy un experto, el mejor como no te imaginas,
pero quizás intuyes.
Porque regresas y vengo de tu mano, contigo.
Porque también, a veces, me marcho
a no encontrar al niño que nunca seré,
pero te encuentro, regreso cogido de tu mano,
y recuerdo que así quiero vivir:
lo más lejos posible de lo que nos haga olvidar.
27 de septiembre de 2025
en medio del tránsito,
y caes de todas partes
y solo tengo estas manos que pueden arreglar
un neumático, pero no saben armar un cuenco
para contenerte, desalinizada, o desalojar el mar
que hunde tu bicicleta
o lanzar charcos al aire para hacer pirotecnia
o palomas de la paz.
Estos ojos sin vocación de sombrilla
te saben calada hasta mis tuétanos
por lo que tienes de lluvia e inevitable,
pero no hay río que se moje cuando lo bañas,
y al rato tu humedad remonta el limo
y ya estás ondeando en los cúmulos
con boca tan escapada que puedo ocupar tu risa
y ocuparme de sonreír.
Pasa, mi amor, que te repliegas hasta donde no llego
cuando te vas a buscar a la niña que fuiste,
y quiero que la encuentres, que la abraces,
que le des mi dirección de entonces,
que allá tengamos todo el tiempo
para jamás envejecer,
para nunca hacernos pequeños.
Te marchas, pero dejas algo a tiro de piedra
para extrañarte: yo.
Y soy un experto, el mejor como no te imaginas,
pero quizás intuyes.
Porque regresas y vengo de tu mano, contigo.
Porque también, a veces, me marcho
a no encontrar al niño que nunca seré,
pero te encuentro, regreso cogido de tu mano,
y recuerdo que así quiero vivir:
lo más lejos posible de lo que nos haga olvidar.
27 de septiembre de 2025
Última edición: