pecadocapital79
Poeta adicto al portal
- En este paraguas entran dos.
Me dijistes con el sol que fugado
del cielo se había instalado en tu boca.
Accedí timidamente al paraiso multicolor
que cubría tu rizada melena.
Con la camisa calándome los huesos
y tormentas infantiles en el alma.
-¿A donde os dirigís? Preguntaste
con una suave melodía
en la punta de la lengua.
¿ Como decir que había olvidado el camino
que erraría mi rumbo por seguir
en el efímero contacto de nuestras ropas?
Anduvimos no se cuanto tiempo
arranqué de cuajo mi reloj neuronal.
Solo se que oscureció temprano
y que tu reflejo en los charcos
hacía del asfalto bellas diapositivas.
No cesó la lluvia un solo instante,
corría despávorido el mediterraneo
por las anchas aceras
y los perros de nadie
cobijados en portales
ladraban a nuestras sombras.
No se como ocurrió ni en que momento,
el paraguas se deslizó hasta el suelo
y nos besamos en la calle desierta
dejando que las nubes arreciaran
su furia contra nuestros cuerpos.
Mojados con el corazon de estufa
hicimos de pirómanos nocturnos.
Jamás hubo un incendio tan enorme
que una lluvia como aquella
ignorara de apagar.
O simplemente no pudo.
--------------------------------------------------------------------------
Pido disculpas a los que me leen habitualmente (son pocos pero suficientes) por no haber mencionado en este poema ni las drogas,ni las putas, ni las armas, ni al sexo, ni al diablo. Me he levantado enfermo. Creo.
Me dijistes con el sol que fugado
del cielo se había instalado en tu boca.
Accedí timidamente al paraiso multicolor
que cubría tu rizada melena.
Con la camisa calándome los huesos
y tormentas infantiles en el alma.
-¿A donde os dirigís? Preguntaste
con una suave melodía
en la punta de la lengua.
¿ Como decir que había olvidado el camino
que erraría mi rumbo por seguir
en el efímero contacto de nuestras ropas?
Anduvimos no se cuanto tiempo
arranqué de cuajo mi reloj neuronal.
Solo se que oscureció temprano
y que tu reflejo en los charcos
hacía del asfalto bellas diapositivas.
No cesó la lluvia un solo instante,
corría despávorido el mediterraneo
por las anchas aceras
y los perros de nadie
cobijados en portales
ladraban a nuestras sombras.
No se como ocurrió ni en que momento,
el paraguas se deslizó hasta el suelo
y nos besamos en la calle desierta
dejando que las nubes arreciaran
su furia contra nuestros cuerpos.
Mojados con el corazon de estufa
hicimos de pirómanos nocturnos.
Jamás hubo un incendio tan enorme
que una lluvia como aquella
ignorara de apagar.
O simplemente no pudo.
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Pido disculpas a los que me leen habitualmente (son pocos pero suficientes) por no haber mencionado en este poema ni las drogas,ni las putas, ni las armas, ni al sexo, ni al diablo. Me he levantado enfermo. Creo.