yomboki
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mira las moscas como quien mira un siglo
despiadado de aspecto cazador
comprando hastió, mira las moscas y lamenta
ser un perro blanco y café que no tiene alas
y tumba la testa, levanta la pata y se rasca,
después besa el piso sin muchas ganas
y en los ojos le fecunda un ave
no finge comprensión, pero me intuye
cuando triste me levanto y va hacia mi
con la cola imitando una bandera
y me mira con ojos de estructura microscopio,
soy su objeto de atención
por cuatro segundos-siglos
y después algún sonido lo pone en alerta
de soldado valentón y ladra-ladra-ladra
¿es su voz de tenor una marcha guerrera?
Un perro es un hijo no parido.
A veces despierta (nueve veces en un día)
con ropaje de chiquillo juguetón y brinca
con un resorte de venado entre sus patas
y juega-juega-juega
hasta no cansarse y me ladra, me cobija, me acude
yo lo llamo, el viene (a veces)
con rebelde mansedumbre, se echa a mi lado
y pone el corazón sobre su lengua,
me mira perezoso, da un bostezo,
se agita, da la pata, lame mis manos
me da un beso,
una canción, bola de pelos,
el me llama con ladridos,
yo, desde cachorro, lo he llamado Tiburón.
No es una relación fácil, el lo sabe,
no es simple hacerle entender
somos amigos...
Un perro es un hijo no parido.
despiadado de aspecto cazador
comprando hastió, mira las moscas y lamenta
ser un perro blanco y café que no tiene alas
y tumba la testa, levanta la pata y se rasca,
después besa el piso sin muchas ganas
y en los ojos le fecunda un ave
no finge comprensión, pero me intuye
cuando triste me levanto y va hacia mi
con la cola imitando una bandera
y me mira con ojos de estructura microscopio,
soy su objeto de atención
por cuatro segundos-siglos
y después algún sonido lo pone en alerta
de soldado valentón y ladra-ladra-ladra
¿es su voz de tenor una marcha guerrera?
Un perro es un hijo no parido.
A veces despierta (nueve veces en un día)
con ropaje de chiquillo juguetón y brinca
con un resorte de venado entre sus patas
y juega-juega-juega
hasta no cansarse y me ladra, me cobija, me acude
yo lo llamo, el viene (a veces)
con rebelde mansedumbre, se echa a mi lado
y pone el corazón sobre su lengua,
me mira perezoso, da un bostezo,
se agita, da la pata, lame mis manos
me da un beso,
una canción, bola de pelos,
el me llama con ladridos,
yo, desde cachorro, lo he llamado Tiburón.
No es una relación fácil, el lo sabe,
no es simple hacerle entender
somos amigos...
Un perro es un hijo no parido.