Évano
Libre, sin dioses.
Si pudiera beber el Atlántico
y andar luego su abismo,
sería un botijo inmenso
o un pez de secano y piernas largas.
Si fuera una abeja de mármol,
crearía cera en tus ojos pálidos
para que me retuvieras siempre;
o daría miel a tu boca de cántaro
y entraría en él un sábado.
Y si en tus sábanas rondara
como araña vagabunda,
enrollaría de telaraña tu piel
para recorrerte lentamente
como si seda infinita fuera.
Abeja en cántaro, boca
de botijo que liba un Atlántico inmenso.
Y mientras yo te sueño
con la fuerza de un universo eterno,
tú das vueltas en un lecho inacabado.
Pero hoy no es sábado, sino domingo.
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