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Un poema de Yuliana Ortiz

La Sexorcisto

Lluna V. L.
Júpiter: la isla que no se repite (fragmento)

2

Habías dicho que el ombligo es una isla en mitad del océano de piel tostada y cicatrizada por la arena y el sol.
Habías dicho que detrás de una sonrisa de dientes sanos también hay una espuma acumulada
piel cubriendo una catástrofe aún no dicha por eso inexistente.
Nunca la boca ha dicho el deseo
hablar es tejer agua sobre el vapor de los manglares hablar es atravesar el Guayas
caminando de puntillas sobre un tenso hilo de nailon
¿Eso es hablar?
Bajar la cabeza tras una boca que se abre dentro de otra boca en la que descansa un árbol de bocas sonriendo.
He soñado en un mar de dientes
un plancton nadando entre tus dientes pequeños huesos con la particularidad del brillo.
Sonreír es hacer una isla de dientes en el globo de la cara al igual que pestañear
una isla dentro de mi pared es un murciélago graznando su existencia

he soñado con tus dientes

un millón de sonrisas caninas gritando en motivo insular gritando con la audacia de una isla
decir es hacerse isla
por eso me como tu nombre
antes de hacer de agua el espacio que me separa de tus dientes.
Tus dientes se elevan en un rito sin nombre
tus dientes vuelan alrededor de mi cara
tus dientes completan un algo que tampoco sé decir porque es deseo.
Una máquina que se mueve como una isla.
Nunca he sentido más miedo
que cuando llovió el dos de noviembre
Limones
lista para sepultarse bajo una bóveda de agua
y yo imaginaba el horror de no volver a ver tus dientes sobre la boca que no dice para no hacerse isla.
Nunca he sentido más miedo que en esa lluvia en Limones antes de San Martín.
Levanté a mi madre que ya no lo era en la habitación

madre
tía
y hermana

eran tres islas distantes incomunicables entre sí.
Yo elegí ser agua
tierna agua niña de sal y arena
capaz de acoger entre mis vientres
a todas las mantarrayas del Pacífico
Nunca sentí más gozo que cuando voló una mantarraya ante mis ojos caballo
sobre un bote a punto de hundirse caballo
y las mantarrayas bailando para mí
bajo un sol de pronta lluvia.
Caballo abrí la boca para recibirlos
pero entró también un pez a comerse mi sangre
a destrozar mi vesícula.
Nunca sentí otra fiesta
que la de ese vuelo de aves
cartílago de nohumano primero
mientras Limones quedaba cementada por el agua yo deseaba ver una vez más tus dientes
debajo de la isla de tu rostro chico y extraño
un mar de dientes comiendo otros dientes
pero siempre desde tu boca
de la sonrisa plateada
de la imposible isla que no quiero
debajo del techo tejo el mar necesario
isla como la última letra de tu nombre.

Voy a subirme a todas las mesas para servirme de banquete propio.
 

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