charlie ía
tru váyolens
parecen aún más largas
las filas
de pobres diablos que se forman
para entrar al supermercado
para cobrar la pensión
para hacer el trámite
de arrancarse el raciocinio
parece que las cifras
caen
como el resentimiento
en una copa de cristal
thirty five degrees
servida para ahuyentar el frío
pero los edificios siguen siendo
los mismos que te han hecho daño
que te observan con la cómoda arrogancia
que destilan los departamentos
próximos
a la avenida vitacura;
siguen siendo
los que no se enteran
de lo que pasa
cuando el vacío sube por tu espina
hacia la nada.
aún sigo escuchando allí
tu voz murmurándome al oído
próxima
a la noche que desaparece
sobre tu piel.
jurando ser el nombre
escrito con la escarcha cautiva
de las barandillas metálicas
donde los hombres carecen
de significado alguno.
las filas pierden significado, los sentimientos de pertenencia
los propósitos de una estancia en aislamiento
o en borrachera permanente
se deslizan
en una absurda curva
que genera los mayores ratings de televisión.
esperanza:
que la copa contenga
algo que se parezca al beso
desgarrado de todo raciocinio
puro
frío
próximo
a la brisa de donde vos estás.