La Sexorcisto
Lluna V. L.
Al escribir me salió un poema muerto, y el poema muerto me maldijo mil veces por ello, y por ello vago errática en la Antártida de los símbolos, y los símbolos son extraños, y extraños son estos presentimientos, y los presentimientos son blancos como vuestros ojos, y vuestros ojos se perdieron por siempre, y por siempre me olvidaré de ti, y por ti estaba viva y muerta en algún rincón, y el rincón se hizo la grieta imposible, y lo imposible es seguir enjaulando la luna negra, y la luna negra llora por todos, y por todos fue violada, y violada me vino arrastrándose entre la jauría, y la jauría tiene algo de patético y mortal, y lo mortal sufre el encontronazo con el estiércol, y el estiércol de las ratas es mi preferido, y lo preferido es algo que es tan frío como tu cataclismo, y el cataclismo es dulce si lo sabes saborear, y al saborear las vaginas de las cariátides te pudriste, ¡pudriste! ¡Oh sí, viajera sin sentido! Y en el epitafio algo que desear, y al desear algo que escribir... un poema muerto.