Un poema para dormir

Octaviano Mundo

Poeta recién llegado
El tiempo, fue siempre una helada bruma líquida;
aire de un abismo en el furioso avispero.
Cuando la noche llega, cae luz; derretida
del cielo. Gotea, y retorna a su curso.


Los colores fluyen, como un hilo sangriento
de aquel granizo inmóvil; ya negra maraña
espesada; legión de incontables insectos,
de su brecha celestial; desde el vacío.


Me incorporo; busco en el patio de la casa,
donde tenue, la Luna ilumina, esperanza.
Donde no emerjan jaguares, de oscuro manto
que me devoren. Tristes bestias erguidas.


¿Quién puede confiarse a tal cruel sendero?;
sólo cabe entre siniestras selvas, un espacio.
Es ancho el mundo; y un enjuto calabozo,
parece ser, el hábito de cada alma.


El vaho de las entrañas, afila tinieblas.
No cambia la materia que a los muros tiñe;
donde se posa... Donde se aferra a una esencia;
como un tejido, por la cruel aguja.



Quiero estar, como un ciego e ignorante vigía
insomne; mientras mi humilde duda me invada.
Mientras aún sigan siendo insondables; la cúpula
empírea, y la soledad. Aquí sentado;
despierto, buscando esperanza.
 
Última edición:
El tiempo, fue siempre una helada bruma líquida;
aire de un abismo en el furioso avispero.
Cuando la noche llega, cae luz; derretida
del cielo. Gotea, y retorna a su curso.


Los colores fluyen, como un hilo sangriento,
de aquel granizo inmóvil; de negra maraña
que exhala, como una eterna nube de insectos,
de su brecha celestial; desde el vacío.


Me incorporo; busco en el patio de la casa,
donde tenue, la Luna ilumina, esperanza.
Donde no emerjan jaguares, de oscuro manto
que me devoren. Tristes bestias erguidas.


¿Quién puede confiarse a tal cruel sendero?;
sólo cabe entre siniestras selvas, un espacio.
Es ancho el mundo; y un enjuto calabozo,
parece ser, el hábito de cada alma.


El vaho de las entrañas, afila tinieblas.
No cambia la materia que a los muros tiñe;
donde se posa... Donde se aferra a una esencia;
como un tejido, por la cruel aguja.



Quiero estar, como un ciego e ignorante vigía
insomne; mientras mi humilde duda me invada.
Mientras aún sigan siendo insondables; la cúpula
empírea, y la soledad. Aquí sentado;
despierto, buscando esperanza.
Un precioso poema, me ha encantado leerlo.
Un gran saludo de poetisaescarlata.
 

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