Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
En esta hoja descalza,
donde mis palabras tropiezan,
intento dibujar lo que no alcanzo:
la perfección del mundo que te contiene,
la curva de tus labios,
el eco de tu risa perdida entre los montes.
Soy un poeta torpe,
un artesano de versos que se rompen
como un cristal que nunca encaja en su molde.
Pero en la imperfección de mis líneas,
te busco,
te nombro,
y te encuentro,
porque es ahí donde vive la verdad:
en lo que nunca se ajusta del todo.
No sé escribir sin manchas,
sin tachones que gritan dudas,
sin el pulso irregular de un corazón humano.
Pero si este poema te toca,
aunque sea de costado,
si resbala en tu piel
como un susurro olvidado,
entonces he logrado mi intento:
ser imperfecto, pero eterno.
Mira estas palabras,
que son mías y tuyas,
un puente entre lo que soy y lo que jamás seré,
porque en este verso torcido,
en este poema imperfecto,
vive la perfección de haberte amado.
donde mis palabras tropiezan,
intento dibujar lo que no alcanzo:
la perfección del mundo que te contiene,
la curva de tus labios,
el eco de tu risa perdida entre los montes.
Soy un poeta torpe,
un artesano de versos que se rompen
como un cristal que nunca encaja en su molde.
Pero en la imperfección de mis líneas,
te busco,
te nombro,
y te encuentro,
porque es ahí donde vive la verdad:
en lo que nunca se ajusta del todo.
No sé escribir sin manchas,
sin tachones que gritan dudas,
sin el pulso irregular de un corazón humano.
Pero si este poema te toca,
aunque sea de costado,
si resbala en tu piel
como un susurro olvidado,
entonces he logrado mi intento:
ser imperfecto, pero eterno.
Mira estas palabras,
que son mías y tuyas,
un puente entre lo que soy y lo que jamás seré,
porque en este verso torcido,
en este poema imperfecto,
vive la perfección de haberte amado.