Medina barrantes
Poeta recién llegado
Al cerrar la boca, cae un silencio
de pared a pared, donde fluyen
voces del ayer
retumbando al golpe del reloj
un oficio
que retorna ya cansado,
con ganas de beber.
De alguna idea que aflore
el cerebro coagulado,
como un manjar de miel
fuera de las columnas salitradas de hiel
donde se ha dejado caer,
un aguacero al pie de un librero.
Que desdibuja de azul y purpúreo
una hoja amarillenta de línea de gesta,
donde un poeta hizo su oficio
sacando de la testa
palabras filosóficas,
que la humanidad deshoja.
Al cerrar la boca, cae un silencio
de pared a pared, donde fluyen
voces del ayer
retumbando al golpe del reloj,
un oficio que retorna ya cansado,
con ganas de beber
de pared a pared, donde fluyen
voces del ayer
retumbando al golpe del reloj
un oficio
que retorna ya cansado,
con ganas de beber.
De alguna idea que aflore
el cerebro coagulado,
como un manjar de miel
fuera de las columnas salitradas de hiel
donde se ha dejado caer,
un aguacero al pie de un librero.
Que desdibuja de azul y purpúreo
una hoja amarillenta de línea de gesta,
donde un poeta hizo su oficio
sacando de la testa
palabras filosóficas,
que la humanidad deshoja.
Al cerrar la boca, cae un silencio
de pared a pared, donde fluyen
voces del ayer
retumbando al golpe del reloj,
un oficio que retorna ya cansado,
con ganas de beber