Imperial majestad de ateísmo puro y sincero. Enervado cuerpo escultural. Esculpido por el dichoso escultor de una Grecia ya decadente. Inveterado monarca de mando duro y fastuoso. Así es cómo debe ser el mundo. Un evaporado vaho de legañas terrestres. Reconvertidas en agua de cuenco de oro. ¡ Oh ! sí. La séptuple regla manda sobre los cerebros pestilentes. Y sus somas se arrodillan humillados. Para ser vareados por una tranca de hierro candente. Así anda el mundo. Unos son mudos, sordos y otros mancos. Es hora de hacer limpieza. Y sobornar a Dios delante de su propia Faz. Para a continuación eructar en su rostro. Y reír como un despiadado demonio de lavativas anales. Hasta cuándo se dará cuenta la gente de que el alma ya pudrió.