En una calle tirado, un ramillete de flores
me hizo detener el paso, ¿quién lo habría de tirar?
Sus pimpollos disecados, que sin brillo ni colores,
eran en cinta de raso, ya una envoltura vulgar.
me hizo detener el paso, ¿quién lo habría de tirar?
Sus pimpollos disecados, que sin brillo ni colores,
eran en cinta de raso, ya una envoltura vulgar.
Al ver que lo pisoteaban, los autos y los peatones
compungiéndome de él, curioso lo levanté.
En un mensaje que estaba, ya sin vida ni emociones
amarrado a un clavel, solo decía...a usted.
compungiéndome de él, curioso lo levanté.
En un mensaje que estaba, ya sin vida ni emociones
amarrado a un clavel, solo decía...a usted.
¡Oh!, magnánimo misterio, desplegado entre mis manos
doliente muestra de amor, yace ante mí, sin saber
qué grandísimo introperio, hizo que muera lejano
con una muerte de flor, algo que debió crecer.
doliente muestra de amor, yace ante mí, sin saber
qué grandísimo introperio, hizo que muera lejano
con una muerte de flor, algo que debió crecer.
qué amante ha esperado en vano,esta señal de la vida
qué sueño murió con ella,con algo que no llegó.
Qué habrá muerto entre sus manos,creyendo la fé perdida
qué foto, que antes fué bella, su larga espera rompió.
qué sueño murió con ella,con algo que no llegó.
Qué habrá muerto entre sus manos,creyendo la fé perdida
qué foto, que antes fué bella, su larga espera rompió.
Qué ojos no habrán pasado, de la primera mirada
en el truncado presente, que en el intento murió.
Qué conquista se ha quedado, disolviéndose en la nada
por que el ramo indiferente, en la calle se secó.
en el truncado presente, que en el intento murió.
Qué conquista se ha quedado, disolviéndose en la nada
por que el ramo indiferente, en la calle se secó.
Qué desengaño fatal, qué triste arrepentimiento,
qué adiós, qué pena o verdad, o qué puerta no se abrió.
Y qué palabra final, ha desatado un tormento
llegando a ser soledad, lo que el hastío mató.
qué adiós, qué pena o verdad, o qué puerta no se abrió.
Y qué palabra final, ha desatado un tormento
llegando a ser soledad, lo que el hastío mató.
Qué madre murió en la espera,pensando en el hijo ausente
sin poder contra su pecho, estrujar su corazón.
que esperanza, qué quimera, la de aquel hijo en el frente
que en la distancia y deshecho, murió al cumplir su misión.
sin poder contra su pecho, estrujar su corazón.
que esperanza, qué quimera, la de aquel hijo en el frente
que en la distancia y deshecho, murió al cumplir su misión.
Cruel designio del destino, ha separado dos mundos
que pudo unir la simpleza, de un ramito de ilusión;
y aquí estoy yo, peregrino, de pensares vagabundos,
ramito sobre la mesa...buscando una solución.
que pudo unir la simpleza, de un ramito de ilusión;
y aquí estoy yo, peregrino, de pensares vagabundos,
ramito sobre la mesa...buscando una solución.
Marino Fabianesi