Este poema lo he escrito pensando en una persona que, tristemente, falleció aproximadamente hace cuatro o cinco semanas (no quiero ponerme a contar cuanto tiempo hace que ya no está aquí). No se escribir demasiado bien (tengo catorze años, no se me puede exigir nada más, creo, pero quiero aprender). Espero que podais exponer críticas constructivas y algo más. Muchas gracias
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No ha vuelto a crecer flor en el rosal,
los pétalos parecen marchitos,
y la blanca nieve que cubre nuestros ojos,
no es más que un tupido velo de dolor.
Los ángeles lamentan con gritos y bramidos,
sus alas en la soledad se desploman y caen,
como una precipitación más, no renacen,
como una suplica, son la población que llora,
y en vez de esperanza nos traen sufrir,
más pena.
Recuerdo con melancolía unos rizos castaños,
antaño, con el viento, solían ondear,
a través del aire viajaban entre mis dedos,
y la lucidez de tu sonrisa los acentuaba más.
Ahora reposan entre satín negro,
quietos, sin vida, parecen callar,
sobre la almohada que yace bajo tu nuca.
Tus leves suspiros no marcan ya un compás.
No caben dudas
[ni sueños, ni ilusiones]
de que la vida no es eterna,
que la piel es mortal.
El corazón siempre para de latir.
No existen confusiones
[ya nada puede ir más mal]
el brillo de tus ojos se ha perdido,
en la hierba seca del negro rosal.
Todos debemos morir.
Querida mía, descansa en paz.
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No ha vuelto a crecer flor en el rosal,
los pétalos parecen marchitos,
y la blanca nieve que cubre nuestros ojos,
no es más que un tupido velo de dolor.
Los ángeles lamentan con gritos y bramidos,
sus alas en la soledad se desploman y caen,
como una precipitación más, no renacen,
como una suplica, son la población que llora,
y en vez de esperanza nos traen sufrir,
más pena.
Recuerdo con melancolía unos rizos castaños,
antaño, con el viento, solían ondear,
a través del aire viajaban entre mis dedos,
y la lucidez de tu sonrisa los acentuaba más.
Ahora reposan entre satín negro,
quietos, sin vida, parecen callar,
sobre la almohada que yace bajo tu nuca.
Tus leves suspiros no marcan ya un compás.
No caben dudas
[ni sueños, ni ilusiones]
de que la vida no es eterna,
que la piel es mortal.
El corazón siempre para de latir.
No existen confusiones
[ya nada puede ir más mal]
el brillo de tus ojos se ha perdido,
en la hierba seca del negro rosal.
Todos debemos morir.
Querida mía, descansa en paz.