Ricardo R. Ruiz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Herido de amor me postré ante ti,
oh inmortal divinidad de la pasión.
Y en lágrimas ebrias de ilusión,
colmé el cáliz que una vez te prometí.
Te entregué la flor de mi camino,
suave pincelada de mi atardecer.
Y todo mi ser te ofrende mujer...
Y sólo para ti era mi destino.
Y te entregué la luz de mi razón,
y el mar azul y el celeste profundo,
y todo cuanto había en mi corazón.
Y te mostré la belleza del mundo,
y las dulces notas de mi "chanson":
y todo cuanto fui, duró un segundo...
oh inmortal divinidad de la pasión.
Y en lágrimas ebrias de ilusión,
colmé el cáliz que una vez te prometí.
Te entregué la flor de mi camino,
suave pincelada de mi atardecer.
Y todo mi ser te ofrende mujer...
Y sólo para ti era mi destino.
Y te entregué la luz de mi razón,
y el mar azul y el celeste profundo,
y todo cuanto había en mi corazón.
Y te mostré la belleza del mundo,
y las dulces notas de mi "chanson":
y todo cuanto fui, duró un segundo...