Rosario de Cuenca Esteban
Verso Suelto
Sus manos tan blancas
sus dedos tan finos,
suave oleaje
dejaban sus trinos.
Escribía poemas de amor
que eran susurro,
sin levantar la voz
que rompía ante el rubor.
Sus noches tan tristes
velaban hasta la amanecida,
pensando en la carta
que nunca llegaría.
Más una mañana
llegó un sobre dulce,
de manos morenas
que amar la decían.
Rosario de Cuenca Esteban