SHERIDAM
Poeta asiduo al portal
Quisiera ser capaz de convencerte,
de robarle al tiempo tu memoria y marcar mi nombre en tu existencia como en las rocas el mar marca su ritmo.
Ser capaz de sacudir tus neuronas sin hacerte enloquecer
pero hacerte volar con mis caprichos, como si fuésemos astronautas en la luna descubriendo el eter de lo eterno.
Tal vez la madurez de mi vejez no concuerda con la imaginación en la que viajo,
pues te imagino en la sombra de la arena al atardecer
mientras silba el viento al besar el mar frente a nosotros.
Te quisiera convencer de lo que siento, de la necesidad de mis latidos y el sincronismo de mi sangre entre las venas cuando mis células se deleitan con el roce de tu piel,
pero no soy parte de la estirpe mágica de hadas o de las hechiceras medievales que conjuraban sus guerreros a ganar.
Solo soy yo,
un yo como cualquier otro yo entre la multitud,
uno que solo intenta dejar huella a pesar de las fuertes olas que insisten en borrarlas.
Te quisiera hacer soñar con el infinito, con sus múltiples planetas y sus cielos estrellados,
con lo fugaz de sus estrellas y deseos repentinos,
tanto quiero contigo como la profundidad nunca medida del mar en nuestra tierra.
Cualquier cosa por que guardes un recuerdo.
Tal vez la madurez de mi vejez no concuerda con la imaginación en la que viajo,
pero es lo que soy en medio de la inmensidad de tus destellos.
La elocuencia no me acompaña en tu presencia,
tan solo la locura carga mi mochila aventurera,
por segundos crucifico mi lengua entre mi boca y muerdo mis papilas a ver si el gusto por ti desaparece,
como los ovnis en el cielo.
Quisiera ser capaz de convencerte de la libertad que inconsciente me regalas,
de las galaxias a las que viajamos mientras los segundos se aferran a las paredes de los cuartos
en los que somos lo que el mundo no conoce,
en donde alternamos las historias
y las ecuaciones se justifican con teorías diferentes.
Solo soy lo que no existe,
como las estrellas fugaces de las que te hablaba,
pero sí soy el fragmento del meteoro que logra traspasar la atmósfera buscando sucumbir en tu existencia.
Soy ese tabú del que pocos hablan,
del que debe mantenerse fuera de los alcances extraños de la gente,
soy transparente,
soy el tinte del salitre en las esteras blancas de las playas,
en el inconfundible lugar opaco de tu subconsciente.
Quisiera ser capaz de convencerte, convencerte de regalarle una sonrisa a tu presencia,
a la actitud arrolladora que acompaña tu sabor a café.
Tener la capacidad de distraer tus sueños y guardar tu esencia en un cristal para oler tu sonrisa,
tu mal humor caprichoso y tu orgullo capataz.
Son muchas las cosas que quisiera y muy pocas las que puedo.
La pompa de jabón acabará explotando sin dejar rastro en la inmensidad del cielo
y sin embargo,
tu esencia no se perderá,
por que la imaginación en la que viajo no concuerda con la madurez de mi vejez
y mi elocuencia no existente te llamará locura,
locura de momento.
de robarle al tiempo tu memoria y marcar mi nombre en tu existencia como en las rocas el mar marca su ritmo.
Ser capaz de sacudir tus neuronas sin hacerte enloquecer
pero hacerte volar con mis caprichos, como si fuésemos astronautas en la luna descubriendo el eter de lo eterno.
Tal vez la madurez de mi vejez no concuerda con la imaginación en la que viajo,
pues te imagino en la sombra de la arena al atardecer
mientras silba el viento al besar el mar frente a nosotros.
Te quisiera convencer de lo que siento, de la necesidad de mis latidos y el sincronismo de mi sangre entre las venas cuando mis células se deleitan con el roce de tu piel,
pero no soy parte de la estirpe mágica de hadas o de las hechiceras medievales que conjuraban sus guerreros a ganar.
Solo soy yo,
un yo como cualquier otro yo entre la multitud,
uno que solo intenta dejar huella a pesar de las fuertes olas que insisten en borrarlas.
Te quisiera hacer soñar con el infinito, con sus múltiples planetas y sus cielos estrellados,
con lo fugaz de sus estrellas y deseos repentinos,
tanto quiero contigo como la profundidad nunca medida del mar en nuestra tierra.
Cualquier cosa por que guardes un recuerdo.
Tal vez la madurez de mi vejez no concuerda con la imaginación en la que viajo,
pero es lo que soy en medio de la inmensidad de tus destellos.
La elocuencia no me acompaña en tu presencia,
tan solo la locura carga mi mochila aventurera,
por segundos crucifico mi lengua entre mi boca y muerdo mis papilas a ver si el gusto por ti desaparece,
como los ovnis en el cielo.
Quisiera ser capaz de convencerte de la libertad que inconsciente me regalas,
de las galaxias a las que viajamos mientras los segundos se aferran a las paredes de los cuartos
en los que somos lo que el mundo no conoce,
en donde alternamos las historias
y las ecuaciones se justifican con teorías diferentes.
Solo soy lo que no existe,
como las estrellas fugaces de las que te hablaba,
pero sí soy el fragmento del meteoro que logra traspasar la atmósfera buscando sucumbir en tu existencia.
Soy ese tabú del que pocos hablan,
del que debe mantenerse fuera de los alcances extraños de la gente,
soy transparente,
soy el tinte del salitre en las esteras blancas de las playas,
en el inconfundible lugar opaco de tu subconsciente.
Quisiera ser capaz de convencerte, convencerte de regalarle una sonrisa a tu presencia,
a la actitud arrolladora que acompaña tu sabor a café.
Tener la capacidad de distraer tus sueños y guardar tu esencia en un cristal para oler tu sonrisa,
tu mal humor caprichoso y tu orgullo capataz.
Son muchas las cosas que quisiera y muy pocas las que puedo.
La pompa de jabón acabará explotando sin dejar rastro en la inmensidad del cielo
y sin embargo,
tu esencia no se perderá,
por que la imaginación en la que viajo no concuerda con la madurez de mi vejez
y mi elocuencia no existente te llamará locura,
locura de momento.