legendario
Poeta que considera el portal su segunda casa
Un suspiro, nada más;
luego el olvido
¿El olvido?
¡Mentira!
No hay olvido:
Seres de barro
cocinando lava,
para vomitar el fuego
que calcina las entrañas.
Mentes maquiavélicas
buscando como subsistir a tientas,
la víspera de luna nueva.
Ojos rompiendo
el velo de la noche,
donde tamborilea
la venda del mediodía.
Labios mudos
carcomiendo a palabras
la mordaza.
Escaleras y cornisas
conteniendo la eyaculación precoz
de un pasamano.
Manos firmes
tirando el tapón de una pileta,
donde se ahogan tempraneros
nuestros sueños.
Nunca vendrá el olvido
a paliar con fomentos
el quebranto, ni los besos
que agonizan víctimas
de un espanto
concebido en los hombros
de un frígido ascensor,
que jamás admitió
un preservativo
luego el olvido
¿El olvido?
¡Mentira!
No hay olvido:
Seres de barro
cocinando lava,
para vomitar el fuego
que calcina las entrañas.
Mentes maquiavélicas
buscando como subsistir a tientas,
la víspera de luna nueva.
Ojos rompiendo
el velo de la noche,
donde tamborilea
la venda del mediodía.
Labios mudos
carcomiendo a palabras
la mordaza.
Escaleras y cornisas
conteniendo la eyaculación precoz
de un pasamano.
Manos firmes
tirando el tapón de una pileta,
donde se ahogan tempraneros
nuestros sueños.
Nunca vendrá el olvido
a paliar con fomentos
el quebranto, ni los besos
que agonizan víctimas
de un espanto
concebido en los hombros
de un frígido ascensor,
que jamás admitió
un preservativo
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