david del prado
Poeta asiduo al portal
Ah la noche... cuan callado es el silencio de la noche tranquila
Que hasta un grillo se viste de trueno y juega solo en la sombra gigantesca
la noche , Deja vu de una pesadilla excitada y gritos de impotencia
Poseedora de un alma de fuego y lengua ardiente en su boca fría
tanto para decir pero solo aumenta el silencio y no teme, eterna...
Permanece furtiva a la espera de que alguien baje los brazos
Algo me observa pero no puedo ver donde se oculta
Siento que su lengua se ausenta de su boca pero permanece oscura
Es como el viento rebelde que transita en el tiempo ,
murmullo al paso como si cantara algo que me paraliza,
Como si supiese que mi corazón busca respuestas
Pero no encuentra más que un mísero y sucio vacío
Es como si supiera que todavía sangro
Y que en la luna aún veo el brillo de sus ojos
hierven unas lágrimas negras...
Y aun así insistente me la muestra tranquila, casi mansa,
Como una playa y su amanecer tan joven...
Pero rustica y fría al tacto de mis labios
Noche tras noche se repite lo mismo
Y vuelve aquella tarde de invierno
Donde el lecho se volvió eterno
Donde mi corazón cerró los ojos para conservar su belleza intacta
Y el beso se posó último en su frente
Y el adiós murmuró, hasta siempre...
Que hasta un grillo se viste de trueno y juega solo en la sombra gigantesca
la noche , Deja vu de una pesadilla excitada y gritos de impotencia
Poseedora de un alma de fuego y lengua ardiente en su boca fría
tanto para decir pero solo aumenta el silencio y no teme, eterna...
Permanece furtiva a la espera de que alguien baje los brazos
Algo me observa pero no puedo ver donde se oculta
Siento que su lengua se ausenta de su boca pero permanece oscura
Es como el viento rebelde que transita en el tiempo ,
murmullo al paso como si cantara algo que me paraliza,
Como si supiese que mi corazón busca respuestas
Pero no encuentra más que un mísero y sucio vacío
Es como si supiera que todavía sangro
Y que en la luna aún veo el brillo de sus ojos
hierven unas lágrimas negras...
Y aun así insistente me la muestra tranquila, casi mansa,
Como una playa y su amanecer tan joven...
Pero rustica y fría al tacto de mis labios
Noche tras noche se repite lo mismo
Y vuelve aquella tarde de invierno
Donde el lecho se volvió eterno
Donde mi corazón cerró los ojos para conservar su belleza intacta
Y el beso se posó último en su frente
Y el adiós murmuró, hasta siempre...
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