Engel
SOÑADOR TOCANDO CON LOS PIES EN TIERRA
Engel- María
Amanece en silencio, con la paz del rocío que madura la luz e incendia la mañana. La poesía se posa como un animal desconocido sobre el parabrisas lleno de bruma. Los neumáticos pisan escarcha como hojaldre de sueños. En el arcén el viento mueve las sombras de las hojas, sombras que se agitan como una flor abierta sobre la solapa. El olor del paisaje va penetrando profundamente en nuestra piel a medida que avanzamos hacia el puerto: el amanecer está húmedo, los limpiaparabrisas lentos, monótonos. Llueve. Había olvidado ese olor casi por completo; ese olor y otras muchas cosas que van tomando forma en la distancia, como señales de humo a través de tus ojos.
Qué hermoso viajar contigo, qué hermoso, digo, estarse allí mirando tus ojos, el viento, el mar en su calma, la vida. ¡Tanto mar, tanta niebla y tanto tiempo en torno a ti! Escuchar un rumor de gaviotas que descienden y ser herido por esa pura hermosura que parte en dos el aire. Tienes el rostro encendido del poeta, el don de decir tan clara la verdad que yo cedo al repertorio de tus emociones pensando en qué piensas.
El mar vive. Respira. Lo oigo suspirar, incluso cuando, en plena aurora, la niebla silencia los pájaros, azota los tejados, derrite la tristeza.
Atravesamos un atlas de luz escabulléndonos entre las calles y en el aire flota ya un olor a despertar, la niebla llena los escaparates de oscuridad. La ciudad, que ahora es como un cofre, respira como el temblor del mar y la tristeza. La distancia hasta el sol la descifra la lluvia del silencio. No hay límite en las olas que regresan. La singladura la mide tu mirada, que retiene la brisa como si fuera un perfume. Nos ha dejado aquí el amanecer, nos ha dejado aquí la mano del rocío, la aurora que descalza de temblores a los barcos.
En mí tiembla esta dicha de verte cada día, tiembla tu presencia mordiendo mi costado, tiembla tu palabra en silencio todavía, tiembla tu corazón de luz en mí tiniebla, tiembla el paisaje que tus ojos vuelven dulce, tiembla la poesía en el color de tu pelo, tiembla el aire de tus besos, y tiembla el amor bajo el oleaje de tu sonrisa y el clamor del mar.
La luz de la aurora fluye en nuestro amanecer, alimentándose de miradas que se cruzan entre el juego del viento, que no cesa de acariciar nuestras mejillas en su empeño de alcanzarlas, de mimarlas…
La lluvia, astuta, se apodera del paisaje bañando cada hoja, cada rama, cada minúsculo poro de nuestra piel. Todo forma parte del paisaje, de la grandeza de nuestro amanecer.
Toma mi mano, casi imperceptiblemente se presume un auténtico viaje por la ilusión, por la fantasía, por las idoneidades de dos seres que caminan en poniente.
El mar, es testigo de todo cuanto acontece, respirando bajo su bruma, captando los secretos que arrastra en su vaivén, en su cíclico movimiento en sintonía con la Luna. Todo parece perfecto, en un afán de conquistar la maravilla de lo irreal.
Te miro, me miras, nos miramos desatando los silencios que emanan de nuestra naturaleza taciturna, que envuelve esos instantes de calma, de paz sosegada donde las miradas invitan a lo desconocido.
Tus besos se clavan en mi alma, alimentan mi deseo que revive entre la niebla, cómplice de la luz del alba. El tiempo parece detenerse, acoplarse en el acorde que esperanza que se respira en el pentagrama de la vida.
Es hermoso respirar el mismo aire, envolvernos en la misma naturaleza que se alza entre caricias, entre los juegos poseídos por nuestros instintos, que no cesan, que siguen su curso, su caudal de sensaciones inagotables entre los senderos que se abren a nuestro paso, mirando ese horizonte de luz imantada por el susurro de tus palabras.
Todo fluye en una armonía mágica, en un alud acumulando sensibilidades progresivas en un tiempo detenido que se postra ante nosotros.
¡Todo parece perfecto!
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